23 de octubre de 2011

Alejo Carpentier y el viaje musical a través del tiempo




La Mar Literaria asemeja a la mítica fuente de la juventud. Sus aguas se mantienen en eterno movimiento renovado por causas generacionales que tienen mucho por decir en su tiempo y legar para la posteridad. El protagonista es aquel que se encuentra en la búsqueda interior y tiende a la experimentación como herramienta para desplegar su fuerza creadora, hacia el encuentro de una “manera de decir” propia.
Hacia mediados del siglo pasado, Latinoamérica fue el espacio donde muchos jóvenes llevados por la aventura imaginativa dejaron atrás viejos principios decimonónicos e hicieron de la vanguardia su vía más arriesgada. Hubo quienes enriquecieron sus creaciones con marcadas influencias que el arte en general, ofrece, desarrollando un estilo renovador que se convirtió en su marca registrada.


Uno de ellos fue el escritor cubano Alejo Carpentier (1904- 1980) quien desde pequeño sentado frente al piano familiar cultivó el arte musical, hecho decisivo para su posterior desarrollo literario. Carpentier se consideraba un pianista aceptable sin pretensiones de intérprete. Lo suyo era el estudio profundo de la música, incidiendo en las posibilidades técnicas para la composición de partituras. Dicho afán  fue trasladado al ámbito narrativo, utilizando figuras literarias que convertían al texto en una auténtica obra similar al de una pieza musical, tal como lo demuestra su Concierto Barroco (1974), escrito en épocas de madurez. La idea original nace de una conversación con el compositor italiano Francisco Malipiero, sobre una ópera de Antonio Vivaldi, basada en la conquista de América. Este descubrimiento lo motiva a escribir una novela que se inicia con el estreno de una ópera y continúa en la actualidad. 

CONCIERTO BARROCO. El título encierra y define a la novela como la puesta en escena de un espectáculo narrativo embellecido con elementos decorativos similares al arte del siglo XVII. Carpentier usa las figuras literarias para la construcción textual, tal como lo evidencia la descripción inicial de un banquete que emplea la aliteración como recurso para una ambientación rítmica y llena de musicalidad. El empleo de la palabra se da de manera lineal, similar a la lectura de símbolos en una hoja de pentagrama que sólo se interrumpe cuando uno de los personajes canta.
Respecto a estos últimos, cumplen la función de representación de mundos que se encuentran e interactúan. Mientras Doménico Scarlatti, Jorge Federico Haendel encarnan a la aristocracia europea amante de la música clásica, Filomeno refleja el espíritu americano que cultiva la música ancestral autóctona. A pesar de su marcada diferencia, es la música la que consigue el sincretismo cultural. La Sala del Ospedale della Pietá es el escenario donde, acompañados de numerosos instrumentos, ejecutan el mayor concierto grosso al compás de la percusión del negro Filomeno, hecho que es celebrado por todos los presentes.


El espectáculo histórico sobre las tablas que muestra la caída del imperio Azteca y el sometimiento de su máxima autoridad ante el conquistador peninsular es enriquecido por hechos fantásticos que redefinen el concepto clásico de historia oficial desde la mirada del vencedor.
A la historia de América narrada como una sucesión de hechos se suman aspectos increíbles y maravillosos propios de culturas nativas que se fortalecen por su pasado mítico – religioso. La nueva historia está ambientada tras el telón y se desarrolla al ritmo de una función de ópera. Ello escapa a la visión del historiador sentado en una butaca y que es ajeno a lo fabuloso en este gran teatro de los acontecimientos.
Esta “ilusión escénica” nos invita a ser parte de la historia y viajar por ella sin algún limitante espacio – tiempo. Dejar de ser observadores para convertirnos en protagonistas. Filomeno siente que los trajes usados en el acto también le pertenecen pero más que ello, el papel representado que al principio hubiera sido incapaz de  asumir ahora lo toma como propio. 
La representación de la historia de Latinoamérica visto por Alejo Carpentier propone una visión más amplia desde lo real – maravilloso. El nuevo continente ofrece un territorio provisto de elementos mágico – religiosos que aún no han sido explorados en su totalidad por la literatura. La partida de Filomeno hacia Europa donde será tratado como Monsieur Philomène y no como el negrito Filomeno, sin embargo, mantiene viva la esperanza de cambio en un futuro no tan lejano. El día en que la historia de Latinoamérica sea revalorada en toda su magnitud dentro de la historia universal. Mientras tanto, y como diría el protagonista: 
"los yos, que somos muchos, seremos mases cada día".

Texto: Ram_Ram_
Caricatura: Camila Martins Saraiva

Bibliografía: "Recopilación de textos sobre Alejo Carpentier”. Centro de Investigaciones Literarias – Casa de las Américas. Ciudad de La Habana, Cuba, 1975. Compilación de prólogo de Salvador Arias.



¨¨ Alejo Carpentier siempre pensó que el escritor latinoamericano, sin dejar de ser universal por ello, debía tratar de expresar su mundo, mucho más interesante por cuanto es nuevo. Consideraba que el escritor de esta parte del mundo debía “revelar” realidades todavía inéditas y más aun, elevar su literatura a la categoría de los valores universales.


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