24 de agosto de 2012

Oscuras devociones tan humanas





Fotografía: Alain Laboile



Vidas marcadas por el fracaso y la mediocridad. Desesperanza en las relaciones de pareja asumidas por sus protagonistas en medio de una profunda soledad. Este es el eje central de los dieciséis cuentos que conforman Amores, inquilinos y perversiones (Lima. Editorial Casatomada, 2011). Las historias de los textos se enmarcan en la ciudad de Lima con mención a sus calles y espacios conocidos por el ciudadano de la gran urbe.

La técnica del flashback  presente en la totalidad de los cuentos permite conocer a personas víctimas de la desolación sentimental, quienes se auto-definen como individuos cobardes, frustrados y solitarios. Asimismo nos aproxima a las ilusiones y anhelos de su pasado, oportunidades que fueron desaprovechadas y cuyas consecuencias se pagan en el presente. Como en “La patética existencia del señor Cotrina”, personaje reservado en asuntos sexuales, con una rutina laboral que lo asfixia y empuja hacia el refugio nocturno para hacer surgir sus bajos instintos. Incapaz de establecer una relación de pareja, se conforma con el alquiler de cariños y besos en burdeles malolientes. A pesar de ello, los protagonistas de los relatos no renuncian al deseo de amar o no logran superar esta prohibición, como “La convivencia” que narra la atormentada relación entre Ronald y Adriana. Esta sobrevive debido al recuerdo de la muchacha sobre lejanas épocas de enamorados donde cada uno aspiraba a un porvenir profesional que se truncó  y dio paso a la incertidumbre de una pareja que ahora sobrevive al desempleo.

El uso del diálogo telefónico en “Celular phone entre Wilson y 28 de julio” y “Llámame” tiene como protagonistas a personas que se refugian en el anonimato para confesar traumas que marcaron sus vidas. La comunicación no personal es la vía desesperada para olvidar la soledad que los martiriza y explicar frustraciones amorosas ante el receptor desconocido que no debe juzgar sino solo escuchar. Para ellos, el amor abrió sus puertas pero solo significó una experiencia fugaz, alejada de cualquier atisbo de apropiación. Estos inquilinos ocuparon un espacio temporal que coincidió con el descubrimiento del sentimiento de pareja que no logró la eternidad idealizada. En su intento por volver a la vida, este amor corre el riesgo de denigrarse y ser aceptado en un ambiente plagado de sordidez. Nuevamente el cuento “Celular phone... ” nos muestra a un Eugenio Bardales que creció sin la presencia materna. La carencia de afecto sirve de justificación para sus posteriores actos aberrantes contra un menor de edad y una joven comprometida. Eugenio considera a su madre como el amor negado y motivo que configura una personalidad tímida y acomplejada hacia el sexo opuesto.

Estos protagonistas desarrollan una actitud perversa que refleja el lado oscuro de la sociedad que nadie se atreve a decir en salvaguarda de las apariencias. Nadie sabe lo que ocurre en la intimidad hogareña solitaria o conyugal que mantiene una imagen aceptada socialmente como correcta pero que esconde en lo profundo una personalidad dominada por instintos carnales. Como el cuento “Ojo honda popular” donde el robusto y solterón Omar Pacheco desfoga sus deseos coitales a través de cartas y demás escritos dedicados a sus eternas musas. Astuto en el oficio de librero, mantiene una vida resignada a la soledad que sin embargo aún ruega por una caricia correspondida. El autor muestra  la relación mujer – amor y hombre – perversión que otorga a la primera el imaginario de inocencia mientras en la segunda prevalece el culto a la vagina. Este propósito revela la marcada idiosincrasia de una sociedad guiada por estereotipos culturales exclusivos a cada sexo; el espejo de una sociedad guiada por una tradición auto-represiva.




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