15 de agosto de 2013

Arte de la liberación: Free Jazz y No Wave




"La mejor aportación que puedes hacer a la tradición es hacer tu propia música: 
Una nueva música".
Anthony Davis, compositor.



La música como producto cultural de la humanidad aporta a la definición de épocas, cada cual con su matriz sonora representativa. El siglo veinte acunó sensibilidades musicales que proliferaron constituyendo verdaderas plataformas de acción experimental como la electrónica, expresión de la vida moderna y el avance tecnológico. Empero, si nos referimos al arte que apareció con los primeros años de la centuria y quedó afecto a las constantes variaciones generacionales por décadas tenemos que hablar del Jazz, patrimonio universal y consecuencia de la confluencia cultural territorial. Su riqueza yace en sus derivados que actuaron más allá de la tradición con una actitud rompedora y chocante. Cada sistema musical estructura códigos en cuanto a maneras de componer y ejecutar, modela un lenguaje que deriva en estándar por la acumulación de conocimientos, su difusión y uso.

El momento crítico es similar a un “Déjà vu” donde el músico advierte la sensación de lugares comunes o más bien de espacios confinados, pues la música alcanzó un estado de maduración estilística. Esta situación, aunque en apariencia peligrosa, es una oportunidad para irrumpir con propuestas de avanzada. Ocurrió en la década del sesenta con el nacimiento del Free Jazz (Jazz libre). La cultura jazzística se sustentaba en ejes funcionales (ritmo, armonía, tonalidad) que caracterizaban sus estilos. Ante ello se erige una posición renovadora con énfasis en la redefinición funcional para expresar “armonías libres”. La atonalidad, no nueva porque siempre estuvo ahí, se vuelve protagónica y se abre campo a influencias foráneas. No se trata de un hecho contrario al Jazz clásico sino una nueva manera de concebirlo y tocarlo. Los músicos de Free Jazz no están limitados por la armonía o lo que se conoce como tal sino que ellos mismos se encargan de definirla. Esta valoración alcanza la exploración sonora de los componentes instrumentales de una orquesta. El instrumento está hecho para la experiencia audible pero no está sujeto a tocarse de forma parametrada, queda a merced del criterio inventor.


Policromía ecléctica orquestal. La música de Ornette Coleman, matizada e intensa. 
Figuras del Free Jazz son John Coltrane, Albert Ayler y Sun Ra.


Estados alterados

Música y ruido propugnan una marca territorialidad. Una piedra puede generarlas. Esto nos permite reflexionar sobre conceptos arraigados y aceptados bajo una convención social tácita.
En su libro “El Jazz. De Nueva Orleans a los años ochenta”, el crítico alemán Joachim-Ernst Berendt considera que tras la aparición del Free Jazz como corriente enriquecedora del estilo y elemento de fusión con otros terrenos como el rock y la electrónica, el Jazz devino en espacio integrador de influencias musicales inconexas. “Consciente de su plenitud y abundancia, y también de que ese estilo es una actitud interpretativa abierta más que un estilo, el Jazz pasó a ser posmoderno”, dice.


En este escenario surgen novedosas propuestas sincréticas como el Free Funk que combina de manera improvisada elementos del Funk y Free Jazz (Berendt cita al disco “Dancing in your head” de Ornette Coleman como la primera integración satisfactoria de ambos), o la World Music que asimila elementos musicales de culturas de variadas latitudes y épocas.

Aquí también nace la No Wave cuya escena representativa floreció en la ciudad de Nueva York de los años setenta. Su naturaleza ruidosa está emparentada con la escena Industrial coetánea y no con la del Free Jazz (que es más influencia incorporada a su atronadora performance), y es expresada por “no músicos” provenientes de otros ámbitos artísticos como el teatro o la pintura. Por eso no extraña que sus creaciones ejerzan un tratamiento distinto al de un músico de formación. Los no wavers enaltecieron una postura distinta al Free Jazz de carácter más bien renovador.





El Free Jazz buscó y logró la independencia armónica mas no radical de los límites del Jazz. Su distintivo personal le dio un aire de frescura a un estilo con riesgo de estancamiento y repetición. En su libro "Para los pájaros", el compositor y teórico musical John Cage hace una crítica al Free Jazz como discurso que, si bien toma como base la improvisación, conserva  una rítmica animada por los propios músicos que se escuchan y responden (compás tácito temporal). Cage recuerda la experiencia que tuvo con unos músicos de jazz en Chicago, a quienes propuso tocar moviéndose por el escenario y concentrándose solo en su instrumento. Fue lo más cercano a esa libertad que define a este subgénero.

La No Wave no sigue una tradición aunque tiene como base al ruido que se nutre de todo lo que nos rodea, en este caso ambientado en la realidad paisajística urbana. Su audición resulta una experiencia agresiva de contados segundos que echa abajo la melodía y rítmica convencional.
Estas expresiones, Free Jazz y No Wave, a pesar de sus diferencias proponen al escucha hechos audibles ajenos a su experiencia musical acumulada y reforzada por canales oficiales. Ambos aportan a una visión más amplia que toma conciencia de armonías en actitud libérrima que nos envuelven y transportan a territorios inexplorados.






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