3 de octubre de 2013

La música es un estallido






J
ohn Cage (Estados Unidos, 1912 – 1992) es uno de los compositores más importantes en la historia de la música contemporánea. De formación académica clásica, su aprendizaje motivó la reflexión de ingreso a un dominio, más que a un arte en constante estallido. Esta fue la base de su concepción sonora y en general de su visión del mundo. Porque antes que músico, Cage es filósofo, fascinado por la experiencia enriquecedora del pensamiento oriental integrador que asimila a su propuesta. El paso inmediato fue el alejamiento del esquema que lleva implícito el deseo de poder y preservación del sistema. Al estallar, desaparece el límite y se hace la revolución de lo aleatorio.




Para los Pájaros (Alias, 2010), segunda reimpresión en formato facsimilar de la edición castellana publicada en Venezuela (Monte Ávila, 1981) es uno de los documentos más valiosos de entrevistas hechas al músico norteamericano durante los años 1968 – 1971. Su interlocutor es Daniel Charles, investigador apasionado que aporta a la comprensión de un visionario que creía en la experimentación a fin de desarrollar métodos para la producción eléctrica de sonidos. La humanidad ha avanzado a la par de la tecnología y el medio de esta época es la computadora, máquina fascinante para la aplicación de su enunciado. Cage postula que la música es un fluir que se interpenetra con el hombre, ambos son permeables y a la vez libres (el fin es que sean).
El compositor se vale del azar como método para que los sonidos se expresen. Esta indeterminación desconoce la tonalidad e incorpora ruido y silencio. Echar abajo la sintaxis tiene un propósito mayor: Aprender a enfrentar prejuicios, redefinir la experiencia musical en el espacio y tiempo (happenings).
Trato que mi música se parezca a mi vida: Que sea libre y no tenga propósitos. Es decir, que no tenga objetos”.




El ave  destruye el metal y crea tempestad

La práctica instrumental incorpora todos los objetos para obtener un registro inagotable. En 1937, John Cage escribióCredo”, texto sobre el porvenir de la música. Allí empleó el término experimental para calificar a la música de ruidos y proponía estaciones o, exactamente laboratorios, donde los compositores se encuentren con el sonido. Como ejemplo, los procedimientos con piano preparado eran interpretados desde el interior del instrumento con los dedos en las cuerdas, además podían colocarse otros objetos para lograr efectos sobre la obra. Todas nuevas fuentes de producción. Cage se mostraba entusiasta con una situación anárquica donde lo disonante se sintiera como consonante y el mundo sea una sucesión de actos accidentales, de rechazo a la estandarización masificada.
También destacaba el aspecto funcional de la tecnología, atreviéndose a imaginar un contexto hoy posible con la Internet. “A un plazo deberíamos llegar a disponer, gracias a la videocinta, de todas las emisiones de televisión, todos los filmes, todos los libros deseados. Y la música encontrará cómo desarrollarse en esa abundancia que nos prometen los medios”. 

El uso de esa tecnología consiste en moldearla, alterarla. A la vez que nos acercamos a nosotros mismos, comprendemos la posibilidad de transformación del entorno. La música electrónica como ejercicio para el instrumentista en escena lograba un sonido vivo intacto, sin “recortes”. 

En 1969, compone con la colaboración de Lejuren Hiller la pieza electrónica HPSCHD. Se utilizaron los programas de música establecidos por Max Mathews en la Bell Telephone Company. El ordenador construye sonidos únicos por su naturaleza de medio, otra aplicación de la labor de descubrimiento (el sonido ya existía, no es creación del hombre). La obra en sí concuerda con las exigencias del azar, cuanto más se multiplican los yo (aportes individuales), más posibilidad hay de no tener ninguno. “Si no somos capaces de considerar la tecnología en forma natural, se debe a que no estamos habituados a nuestro tiempo. El porvenir no será más estático que el pasado, ¡Ya nos encontramos en la estasis!”. Esto vale para referirse a la diferencia entre Oriente y Occidente sobre lo tecnológico. El primero lo ve como un complemento a su vida diaria y no como una representación de lo dual competitivo.


Cuenta Cage que cuando empezó a componer lo hizo para adentrarse en el ruido que rechaza las leyes de la armonía y contrapunto (pero no su propia melodía), fue más que nada una identificación.  La música no intenta imponer la subjetividad de alguien, es la presentación de sí misma ante el oyente. El hombre necesita una revolución cuantitativa, el cambio producto de la reunión de elementos de cualidades distintas. Sin embargo, para una mirada que solo prioriza la cualidad se trataría de resultados pobres e incluso degradantes. El mayor deseo de Cage fue escuchar la música en su totalidad, ejecutada al mismo tiempo y multidireccional para no centrar la atención en un solo punto.



Tal vez sea un deseo perverso… Pero, ¿Lo parecerá cuando contemos con la tecnología que nos permita realizarlo? ¿No existe aún esa tecnología? Y bien, ¡Viva la tecnología futura!”.




  

Lee el fragmento del libro Para los Pájaros, con las Sesenta respuestas a treinta y tres peguntas de Daniel Charles. http://www.aliaseditorial.com/fragmentos/volumen2/


Crítica a la edición original de 1976, Pour les oiseaux.  http://elpais.com/diario/1977/03/04/cultura/226278001_850215.html











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