13 de noviembre de 2018

NARCOSIS. Cuando los rebeldes son hijos del orden (La República, 1990)





NARCOSIS en el "2.° Esquisse del Bestiario" en La Richi. 
31 de enero de 1985





Presentamos una nota periodística sobre el presente de Luis “Wicho” García y Jorge “Pelo” Madueño al inicio de la nueva década. Narcosis ya había quedado en el pasado y ambos músicos habían pasado a integrar el grupo de Miki González, oportunidad que aprovecharon en materia de producción musical. Este aprendizaje fue aplicado en otras actividades como la musicalización cinematográfica y, como la nota lo indica, producciones para la televisión. Ya sea que el calificativo de “subtes” los acompaña hasta la actualidad, lo cierto es que estos chicos nunca se quedaron atrás y decidieron aprender los oficios vinculados a la música, ya sea en el rol de asistente, intérprete, compositor, e incluso a producir grupos (Camarón Jackson, Madre Matilda, Campo de Almas, entre otros). 






Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA






NARCOSIS
Cuando los rebeldes son hijos del orden
Antes incendiarios, hoy bomberos


“Wicho” y Jorge Madueño ingresan al mundo de la televisión comercial





Hablábamos en ediciones pasadas sobre los intérpretes de rock que destacan en terrenos afines al musical. Casos como los de Franjo Antich, productor de “jingles” publicitarios y musicalizador de obras teatrales como “El Mago” (que se estrena el sábado en el Canout de Miraflores) o Pepe Ortega en idénticas ocupaciones. Agregúemosle a estos (y a muchos otros que enumeraremos posteriormente) los de “Wicho” y Jorge Madueño.
Egresados de la misma cantera del “rock subterráneo”, vanguardistas por convicción y tercos innovadores, ambos han sido asimilados felizmente al difícil terreno de la televisión comercial.
Como ya deben saber, Madueño es el compositor del tema característico del programa infantil “Yan kem Po”. El joven baterista de sólo 22 años de edad nació musicalmente en el grupo “subte” NARCOSIS, posteriormente pasó a las filas de ERUCTO MALDONADO (recientemente desaparecido), y actualmente acompaña en las percusiones al conocido Miki González. Paralelamente presta sus servicios como músico de apoyo para diversos artistas en sus recitales. Precisamente con su hermano José Luis (tecladista) acompaña a Diego Mariscal en su temporada de retorno musical en el Satchmo de Miraflores.
“El tema de Yan Kem Po es un típico rock and roll pero en lo sucesivo pienso incluir canciones en otros ritmos como el reggae, el ska e incluso el hardcore, como para no olvidar mis raíces. Pronto estrenaré dos canciones más en el programa “Mil amigos” y “América”, señala. 
Por su parte Luis García, más conocido en el ambiente musical como “Wicho”, también debutó en NARCOSIS como vocalista. Luego como primera voz de LA BANDA AZUL y actualmente en coros y teclados para el propio Miki González.
Ha musicalizado cortos cinematográficos y es el actual responsable de los ambientes sonoros del programa periodístico “Fuego cruzado”.




FUENTE: Cuando los rebeldes son hijos del orden. (11 de julio de 1990). Diario La República, p. 10.




10 de noviembre de 2018

EL SUCIO ARTE DE LA FOTOCOPIA. Fanzines, pasquines y maquetas (VSD, 1987)








Anverso y reverso de volante "Fosa Común",
editado por Macho Cabrío (enero de 1985)

Archivo documental de Herbert Rodríguez
 




Dentro de lo que fue el rock subterráneo, los fanzines tuvieron un rol importante como medio de información de las actividades de grupos nacionales y extranjeros; y como medio de expresión de quienes lo editaban. La prensa subterránea fue muy activa en los ochenta influenciada por el “hazlo tú mismo” del punk y la aplicación de técnicas artísticas como el collage.  Publicaciones como Subterok, Kólera o Alternativa presentaban en sus páginas manifiestos, reseñas, letras canciones y entrevistas sobre lo que iba sucediendo en Lima, convirtiéndose en material de primera fuente para comprender este capítulo en la historia del rock en el Perú.











Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA








EL SUCIO ARTE DE LA FOTOCOPIA
Fanzines, pasquines y maquetas

A veces, paradójicamente, la fotocopia puede variar sus propias condiciones técnicas y hacer de la copia una obra original. Y permite también, como veremos en esta nota, despertares artísticos y posibilidades de edición incalculables.



A medida que el ideal de progreso ha sido encarnado en la sociedad contemporánea, los emblemas más destacados de aquel, la ciencia y la tecnología, han empezado a desacreditarse con cierta velocidad. Sin embargo, todavía –y por mucho tiempo sin duda– son capaces de ejercer un poder de seducción con amplio registro.
Pasemos por ejemplo en el cómodo artilugio del fotocopiado: el tiempo que deja a nuestra disposición es más contundente que cualquier argumentación antimaquinista.
Así, estudiantes faltones pueden completar apuntes, o, eventualmente, poner a su alcance costosos libros de texto; abogados y escribanos, alimentar legajos voluminosos; diseñadores gráficos y publicistas, reemplazar los sofisticados alfabetos y símbolos transferibles; y en fin, simples mortales, facilitar los trámites y papeleos que inevitablemente deben padecer.
Pero este moderno procedimiento mágico no consiste solamente en un fácil y trivial ejemplo de la fotografía o de su más inmediata conquista: el retrato. El proceso de fotocopiado también permite alterar sus propias condiciones técnicas, intervenir en la reproducción con un fin expiatorio: hacer de la copia una obra original.



VOLUNTAD DE ARTE
Ya en los sesentas el escándalo artístico de la temporada, el pop art, enlazando arte y sociología, adelantó algunas experiencias de lo que hoy se conoce como copy art o electrografía. El pop había encontrado en la técnica del fotocopiado una manera de proponer al público espectador su participación activa.
Y es que, además de violar el principio de unicidad de la obra artística, el fotocopiado permite a cualquier usuario apoderarse de un instrumento de simple realización, hace posible un proceso de selección artificial de aquellas imágenes que escoge como presas, en un sentido reduce la importancia de la destreza manual; convierte a cada consumidor de imágenes –todos lo somos–  en un posible productor, pues manipula elementos visuales acabados, completos en sí mismos. Los aísla de su entorno e impone uno nuevo. Liquida su sentido original, y si bien no se apropia de su alma, produce una reacción química destinada a inventarla. No es importante, pues, si los elementos que toma de la realidad visual son disímiles o incluso contradictorios: obras depuradas próximas a las artes plásticas y productos gráficos de desecho como titulares de periódicos, etc., pueden ocupar armoniosamente un mismo espacio.



QUÍMICA DE LA IMAGEN
Y por cierto no son estrechos dichos límites. La variedad de modos que hacen posible participar de esta innatural (re)producción van desde la manipulación del soporte gráfico: uso de papeles de distinto color, calidad y condición (arrugado, estriado, etc.) hasta la intervención en el proceso técnico, pasando por el uso misceláneo del producto obtenido: collages con objetos, fotos o dibujos originales.
Cuatro son los puntos vulnerables que permiten regular el mecanismo de los pequeños artefactos; de las fotocopiadoras, digo: la toma directa que también puede incluir algunos objetos como corbatas, llaves y otros; la pintura al dedo o la manipulación antes de fijarse el pigmento; el bouge o deformación por movimiento; y la degeneración, esto es, el deterioro de la imagen por sucesivas copias hasta convertirse en puntos o líneas. Pequeño y poderoso arsenal al que naturalmente habría que agregar las diversas combinaciones posibles y la utilización del oneroso color.



LA BANDA DE LA FOTOCOPIA
Pero si en Europa y Estados Unidos la electrografía, a la que hay un mayor y mejor acceso, al ritmo del desarrollo tecnológico ha acentuado sus preocupaciones estéticas, aquí en el Perú, donde desde hace algunos años han venido apareciendo algunas expresiones de esta naturaleza, el énfasis ha sido puesto en el aspecto comunicativo bajo la forma de collages.
Inicialmente vinculada a ensayos de Herbert Rodríguez y otros pintores, quienes utilizaron esta técnica para la confección de catálogos de sus muestras; posteriormente fue utilizada en sueltos del mismo Rodríguez (FOSA COMÚN, El Comercio, de arte, ciencia y sociedad, entre otros), en FE DE RATAS y en fanzines y tapas de maquetas producidos por la grita del rock subterráneo limeño, con resultados vigorosos pero desiguales.
Asentada principalmente en una funcionalidad episódica y contingente, lo que no significa ausencia de valores estéticos e ideológicos necesariamente, combina las imágenes gráficas con las tipográficas al margen del sistema de significaciones simbólicas originales, reivindica la importancia del gesto: la fractura de la línea que separa el “arte” de la actitud vital.
Hechos para ser reproducidos mediante el fotocopiado mediante el fotocopiado, los fanzines, voceros de los grupos subterráneos, extienden el principio punkero a otros dominios: si cualquier oyente puede encaramarse de un salto en el escenario y coger un instrumento y tocarlo, también todo aficionado puede realizar el sueño de la autoedición, primero de revistas y luego de las portadas de las maquetas. Las hojas de Leusemia y los fanzines Alternativa subterránea, Ataque, Bloke subsicótico, Subterock, Pasajeros del horror, CTM, Núcleo y las mencionadas carátulas presentan una diagramación novedosa, artesanal y desordenada que ha inventado un espacio gráfico de transición que cumple una función utilitaria y al mismo tiempo posee valores estéticos propios.
A los trabajos de los artistas de estas publicaciones –Kike Ferreyra, Jaime Higa- se han sumado los de otros como Eduardo Tokeshi y Mariela Zevallos que en la ilustración practican una suerte de estética de la fotocopia.
Y que, en buena cuenta, amplían el campo de experimentación gráfica que descubrieron manos más bien amateurs. Sin embargo, debido a los costos, las técnicas todavía son insuficientes y el manejo de todas sus posibilidades recién comienza.






CARTA ABIERTA A LA PRENSA NACIONAL

Ha llegado el momento en el cual los hombres preocupados por el futuro de nuestra nación toda hemos de dejar por un tiempo los rencores y conceptuaciones bizantinas atrás y hemos de levantarnos de nuestras cómodas butacas para lanzar nuestro grito de protesta contra los enemigos de nuestra integridad tanto física como espiritual.
Ante una posición conformista de un gran sector de nuestra juventud, domesticada por modas… y por dioses de barro, carente de un auténtico deseo de cambio, y otro sector que sólo se limita a criticar groseramente nuestra sociedad, sin plantear alternativas, surge la presencia harto necesaria de la Gran Horda Metálica del Perú.

Nuestra ideología, si bien tuvo sus bases en tierras sajonas, es aplicable en gran medida a nuestra coyuntura social: no pedimos, exigimos que la sociedad de plástico deje ya de llenar la mente de sus hijos con basura perfumada y tercermundista o permitir que crezcan bajo modelos (carne importada o mesías leprosos) sin la fuerza suficiente para un cambio necesario; basta de temáticas fatuas y superficiales y de romanticismo enlatado, ha llegado la hora de arrancar de raíz  el putrefacto maquillaje de la sociedad reaccionaria y de iniciar el renacimiento cultural que hoy por hoy solo el metal puede originar: sin líderes, con hombres. No tenemos otro líder que el metal y su deseo de libertad y justicia, y somos tan pandilla como Cristo y sus doce apóstoles.

Atte.:
Miguel “Death”
L.E. 07749733






FUENTE: Carrasco, Sergio. El sucio arte de la fotocopia. Fanzines, pasquines y maquetas. (3 de julio de 1987). VSD, suplemento del diario La República, pp. 14-15.