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20 de febrero de 2020

Performance de Col Corazón en exposición artística (1990)



El grupo post-punk Col Corazón fue invitado a participar en la exposición colectiva Restauración / No Restauración”. En aquella ocasión prepararon una performance inspirada en el poema Katatay del escritor José María Arguedas.   


COL CORAZÓN
Rodo Cortegana, Támira Bassallo, Susana Torres y Jaime de Lama



Archivo hemerográfico de Antena Horrísona



¿Se cae,
no se cae? 
Se trata de una exposición colectiva de ate integral en un museo. Pero ¿es un museo en Lima, o filtraciones de Lima en el museo? Con la nueva dirección del crítico Gustavo Buntix, van “5 instalaciones, 2 performances, un grabado, otro grabado, un catálogo, un espacio de discusión teórica”: hasta el miércoles 24 (9 a.m. - 8 p.m.).

El lunes 22 (7 p.m.) habrá debate abierto sobre la muestra y, el día final, el grupo de rock “Del Pueblo” interpretará en performance, el poema Katatay (Temblar) de Arguedas, como la semana pasada lo hicieran, a su modo, los de “Col Corazón”.



FUENTE¿Se cae, no se cae? En: Sí. 21 de octubre de 1990, pp. 64-65.  

11 de diciembre de 2019

LA MÚSICA DE COL CORAZÓN (El Comercio, 1990)






JAIME DE LAMA
Concierto de Salón Dadá en la "No Helden" (1987)
Fotografía: Javier Zapata
Página oficial: Salón Dadá y Col Corazón 




LA MÚSICA DE
COL CORAZÓN
A la búsqueda de nosotros mismos 


Oscuridad. En el ambiente predominan lo negro, luces rojas y azules, la música en volumen alto. La casa llena. Se espera un concierto casero. Nos alejamos de la bulla para conversar con Col Corazón, dúo integrado por Támira Bassallo (21) y Jaime de Lama (24), cuya presencia es obligada en los conciertos de lo que en algún momento se llamó “escena subterránea”. Esta, con su nivel de apertura, podría adquirir en estos días otra denominación.

¿De dónde salió “Col Corazón” como nombre?
Támira: Un día en un periódico había un aviso de ofertas y entre las verduras decía ‘Col corazón en oferta por kilo’. Me dio mucha risa porque es la col china y nadie le dice col corazón. Le conté a Jaime y le gustó también la idea de usarla como nombre.

¿Cómo surgió el grupo y gracias a qué es que han tenido tanta continuidad?
Támira: En el 87 le conté a un amigo que me interesaba tocar en un grupo y justamente necesitaban un bajo y una guitarra. Se llamó Salón Dadá. Cuando terminó Salón, donde conocí a Jaime, empezamos nosotros. La mayoría de grupos se mantiene por la constancia, el talento y la necesidad de expresarse. Tenemos bastante comprensión musicalmente, eso nos ha hecho seguir.

Jaime: Algo que también nos ha mantenido juntos es la amistad. Coincidimos en muchas cosas no musicales: gustos, vicios. Ensayamos siempre varias horas hasta tarde. No somos perfeccionistas pero sí tratamos de pulir las cosas. Al principio sale lo espontáneo pero luego hay que trabajarlo, las composiciones no vienen de una ‘iluminación’.

¿Qué parte tiene cada uno en Col Corazón?
Jaime: Toco guitarra y a veces me atrevo a cantar. Támira es bajo y voz y a veces nos acompaña Jorge Madueño en la batería. Hay canciones que requieren ciertos instrumentos como violín, a veces una flauta. Eso es un problema porque a veces nos imaginamos canciones con algunos instrumentos de los que no disponemos.

¿Cómo podrían definir la música que hacen?
Támira: Tenemos entre 20 y 17 temas aunque no hemos podido sacar una maqueta. Nuestras canciones en promedio son largas (8 minutos). En Lima usualmente los conciertos con multiconciertos (varios grupos a la vez). Siempre hay mucha improvisación y las bandas optan por tocar dos canciones.
Jaime: No tenemos influencia musical de rock moderno, ni esquemas, de lo que nos alimentamos es de músicas nuestras, de vivencias o algo literario, no es como la nueva canción. Usualmente no repetimos un ritmo musical. Otros grupos machacan y machacan con pequeñas variaciones.

¿Entonces cuáles son las influencias?
Jaime: Tenemos canciones diferentes en nuestro propio estilo: son citadinas. A veces salen partes como huaynos, tratamos de experimentar, es como una fusión con folclore. Ahora estamos haciendo una nueva edición de lo que cantábamos antes. Nuestra música puede ser tocada en el (teatro) Pardo y Aliaga como en una discoteca.
Nos gustaría, a largo plazo, crear una corriente musical. Tratamos de dar una nueva visión, una búsqueda de nosotros mismos, más expresarnos por la propia música que por la letra.

¿Cómo están logrando eso? Lo común es dar un mensaje verbal dentro de la melodía.
Támira: Ponemos énfasis a la parte fonética o dando fuerza a las sílabas conjuntas. Cuando cantas y dices cosas coherentes en castellano, muchas veces se sigue la letra pero no escuchas la música, lo subjetivo del sonido, lo agudo, lo triste, la paz, el sosiego. Por ejemplo, eso se logra de algún modo usando sólo sílabas débiles, o si quieres lo contrario, algo con fuerza, puedes quitar el bajo y la batería y usar percusión.

Támira, ¿cómo llegaste a estudiar artes?
Cuando salí del colegio entré al toque a la Escuela de Bellas Artes, también quería tocar guitarra. De chica también me enseñaron pero con un método malo, no aprendía nada. En la ENBA me di cuenta de que sí podía, luego me retiré de allí porque estudiábamos de 9 a.m. a 9 p.m. y no era lo que yo pensaba. Ingresé después a San marcos, a la Escuela Académico Profesional de Artes. Allí llevamos cursos teóricos, mezclados con historia, estoy en quinto ciclo.

Y Jaime, ¿por qué dejaste arqueología?
Como todo el mundo al salir del colegio me preparé. Quería seguir Arqueología. Pero son diferentes las formas de enseñarla: en la Católica le dan más énfasis a lo estético y en San Marcos a lo antropológico y social. Llegué a hacer excavaciones en Lurín y en quinto ciclo me pasé a Comunicación Social. Ahora estoy en sétimo ciclo. A los 18 años no pude decidir. Lo que quiero estudiar está en artes, en arqueología llevaban todo a lo científico. Eso de ser sistemático y objetivo no va conmigo.

Támira, ¿cómo sentiste el paso a San Marcos?
Para mí ha sido una experiencia importantísima. San Marcos es un país dentro de otro país. Es multiétnico, multitodo, llegas a conocer a personas gratas y no gratas. Estar allí nos permitió vivir en el 86 la efervescencia subterránea…

¿Qué rescatan de esa primera época de lo subterráneo?
Ahora existen más renegados que ‘subtes’. Al principio la gente dejó buenas iniciativas, ahora todo era castrar o inhibir. El movimiento subterráneo favoreció y motivó a la gente a salir. Pero las teorías del desarrollo señalan que un grupo se pelea, se formaron varias bandas, se abrieron caminos y muchos reniegan de eso.

¿No es como un lastre tener el estereotipo de subterráneo?
Támira: Algunos, cuando escuchan ‘música subterránea’, te limitan las puertas. Hay sectores de ‘subtes’ que creen que todo es violencia, y eso es infantilismo. Eso no se entiende, porque se supone que necesitan sitios para difundir su mensaje, pero ¿cómo quieren que les abran un espacio para protestar, si rompen cosas? Lo importante es hacer llegar tu mensaje.

Jaime: Manifestar rechazo a una situación con violencia es triste. Si crees que romper una luna es violencia es porque no ves las cosas terribles en los noticieros o periódicos, eso sí es violencia, por eso no generamos angustia con la música. Si quieres hacerle frente a algo, que se manifieste algo de ti: eso puede ayudar en la búsqueda de cada uno como persona.

Es difícil orientarse…
Jaime: Los de 20 años recordamos casi toda nuestra vida con la presencia de la violencia, o de Sendero, pero los de 16 años sienten eso con más intensidad, con la crisis tan aguda están bien desorientados. Lo malo es cuando la gente se conforma y no hace nada o hace algo por pose. Uno no puede dejar pasar las cosas sin cuestionarse.

Pero pese a la crisis se sigue creando…
Támira: La gente no invierte porque no hay condiciones que aseguren una ganancia. La crisis ha llegado a todos los niveles pero no en el aspecto creativo.





Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA




FUENTELa música de Col Corazón. Entrevista de Jackie Fowks. (10 de junio de 1990). En: Mundo Joven, suplemento del diario El Comercio, p. 1.




23 de enero de 2018

Entrevista a Támira Bassallo en la revista "El zorro de abajo" (1986)




TÁMIRA BASSALLO
Concierto de Salón Dadá en la "No Helden" (1987)
Fotografía: Javier Zapata
Página oficial: Salón Dadá y Col Corazón 


Sobre el feminismo en el Perú, la revista “El zorro de abajo” publicó en su quinto número un reportaje especial con testimonios de mujeres dedicadas a oficios varios y su desenvolvimiento en el contexto social peruano de esa época. Edwin Núñez (Zcuela Crrada), poniendo en práctica su oficio periodístico, entrevistó a dos “artistas jóvenes de la escena pop limeña”. Se trataba nada menos que de Milagros Soto Rivas, más conocida como la “Princesita Mily”, cantante del grupo de chicha “Pintura Roja”. Esta jovencita de apenas 20 años ya tenía una expectante trayectoria, además de la música, como locutora de radio y animadora en programas televisivos de música tropical andina. La otra chica era Támira Bassallo, quien integraba el grupo subterráneo “Excomulgados” y ya se encontraba preparando material con su nuevo grupo “Salón Dadá”. Támira continuaría haciendo música más adelante con “Col Corazón”, uno de los grupos post-punk más interesantes de la movida subte. 




COL CORAZÓN en un concierto de bandas post-punk en 1988



Támira, la excomulgada     

Támira Basallo vive en Chacra Ríos y toca la guitarra rítmica en el grupo Excomulgados. A sus 17 años, y a pesar de ser bastante introvertida, es una de las escasísimas mujeres que forma parte de un grupo de rock en nuestro medio. Actualmente se halla también estudiando en Bellas Artes, y –junto con otros amigos– prepara un nuevo proyecto musical con el nombre de Salón Dadá.


–Eres la única mujer del rock subterráneo, aparte de la cantante del grupo Delirios Krónicos ¿Por qué esta escasa participación?
Creo que si no hay muchas mujeres es porque son machistas también y se creen ese rollo. La mujer tiende a ser “mujer” en el peor sentido de la palabra, es decir, temen perder ciertos rasgos que les hacen femeninas a la vista de todos. Creo que el hecho de ir a conciertos de rock ni se les pasa por la cabeza, porque están viendo telenovelas o tienen miedo.

– ¿Miedo?
Sí, mucho miedo. La gente tiene miedo. Incluso los chicos que se meten a una cosa así, porque rompen con moldes.

– ¿Y lo machista de las mujeres?
Pues porque aceptan lo que le imponen sus padres. Y como las propias madres también son machistas entonces se quedan así. Y si van, por lo general, es porque va el enamorado. Es como una extensión. De la dependencia de los padres pasan a otra dependencia y nunca son ellas mismas.

– ¿Hubo problemas con “Excomulgados” por tu inclusión?
Al principio, por uno de sus integrantes, pero después de hablar con él, ya no.

– ¿El público?
No los miro cuando toco, pero sé que se sorprenden al ver a una chica en la guitarra. Me lo dicen. Y también me han dicho ‘no sé cómo alguien como tú está con esos chicos y esos grupos descarriados’. Es para morirse de risa.

– ¿Cómo tomas tu participación?
La música me parece importante. La cosa es no ser pasiva sino buscar un cambio, una ruptura.

– Para la TV y los diarios el rock es sinónimo de perdición, ¿qué opinas?
No creo que sea importante. Si hasta un gran escritor como Poe era alcohólico y…

– ¿Qué es entonces lo importante?
Enfrentar la realidad. La gente es normal de “norma”, mediocre y tiene desamor. Sólo son correctos porque hacen las cosas aceptadas. Yo siento que hay que buscar cosas nuevas en todo. Y más aun tratándose de las mujeres.

– Me da la impresión de que no crees mucho en la gente, ¿no?
Creo que el cambio tiene que ser personal. Prefiero el mundo de los individuos, porque es más rico y genuino. Al trabajar con poca gente se ven las individualidades.
Para mí eso es importante, pues posibilita un contacto más legítimo. Las personas en público son neuróticas, provistas de defensa y de máscaras.

– ¿Locura?
Estoy convencida de que la gente que está en un manicomio es realmente pura. Algunos tienen pensamientos más coherentes y lúcidos que cualquier persona de la calle. Me gusta la gente que se supone que está loca.

– ¿Y en música?
Me interesa lo que hacen los grupos Sub, Silvio Rodríguez y lo clásico.

– ¿Tú compones?
Sí, tengo varias ideas para Excomulgados que aún no hemos desarrollado y lo hago, a la vez, porque dedicaré más tiempo a Salón Dadá.

– ¿La utilización de las sex-symbols?
En fin, ya una vez, no recuerdo quién, dijo que “en esta sociedad todas somos prostitutas”.


FuenteNúñez, Edwin (1986). Juventud y música moderna ¿Dónde están las mujeres? En: El zorro de abajo (5), pp. 44-45.

26 de diciembre de 2014

EL LADO OSCURO DEL POST-PUNK. CONCIERTO EN MAGIA




Presentamos la digitalización del casete doble no oficial "Primer concierto post-punk en Magia", grabación de un concierto realizado el 12 de marzo de 1988 en el desaparecido centro de arte y cultura ubicado en el distrito de Magdalena. Los grupos reunidos bajo la generalidad del post-punk generaban propuestas inspiradas por géneros como la new wave, pop, dark; con un sonido denso y cadencioso, en ocasiones con teclados que acentuaban un entorno lúgubre, combinado con guitarras melódicas o estridentes. Se trata de bandas que representaron a esta corriente en los ochenta, siguiendo el camino de Feudales, Delirios Krónicos y Narcosis (Destino, Represión, o la emblemática La Danza de los cristales, la angustia por no poder revertir el camino hacia el abismo).



Clic en portada para descarga





Miguel Ángel Vidal, cantante de VOZ PROPIA
Fotografía: Archivo de La República 


LIMA 13 en Magia.
Fotografía: Roc Magnon




FEUDALES en la discoteca
No Helden (1986)


Reseña de COL CORAZÓN
en la revista Esquina (#8)


Agradecimiento a Marco Gélido por compartir esta reseña. 

5 de agosto de 2010

Reminiscencias subterráneas: Salón Dadá y Col Corazón

Salón Dadá en local Chauffeurs 
-08/08/87-
El legado de la movida subterránea de la Lima de los ochentas fue el espacio ideal para que un grupo de jóvenes decida unir voluntad e ideas para concretar actos sonoros, algunos de los cuales se convertirían en iniciadores de estilos en ese entonces inclasificables y hasta marginales pero que el tiempo, y sobretodo su presencia enriquecedora – visto como propuesta alternativa – sería clave para reforzar el desarrollo de la escena independiente capitalina y nacional.

Uno de esos grupos fue el original Salón Dadá, grupo que logró desarrollar una personalidad propia a partir del mismo nombre, el cual no era más que el presagio para adentrarnos a un mundo similar al evocado por aquel movimiento cultural iniciado a principios del siglo pasado.*

Y es que Salón Dadá era un grupo totalmente alejado – a nivel lírico - de los demás que daban a conocer su rabia e insatisfacción contra el sistema. Aquellas estructuras estaban enfocadas hacia otro norte, es decir, se nutrían del arte literario tomando de referentes a escritores como Jorge Eduardo Eielson, Antonin Artaud, Luis Hernández, además del arte de las vanguardias plásticas.

Recordar a los Dadá trae a la mente la imagen de Támira Basallo, una de las primeras voces femeninas que se dejaron escuchar dentro del rock de subsuelo. Futura estudiante de la Escuela de Arte de la universidad San Marcos, tuvo la oportunidad de cruzarse en su camino a un jovencito de nombre Jorge ´Cocó´ Revilla. A pesar de no ser parte de la formación estable de la banda, era un asiduo visitante y testigo de excepción de la evolución matriz dadá.

 Completaban la formación fundadora ´Hoover´, recordado baterista del grupo anarquista “Eutanasia” y Mónika Contreras De La Jara, encargada de ejecutar las melodías guitarreras candenciosas. Decididos a llevar su mensaje a todos los rincones posibles, se aventuraron a ser parte de la movida que en ese entonces los cobijó y del cual llegaron a destacar, siendo recordados en históricos conciertos subterráneos en locales como la No Helden y Magia.

              
A la par y más allá del concepto de grupo que se manejaba, Cocó estaba pensando la manera de ampliar su incipiente talento musical….
“…Un día Cocó me dijo que me iba a presentar a un amigo que tocaba la guitarra excelente. Quedamos en que vaya a mi casa, y apareció con Jaime de Lama. Cocó tenía un proyecto en el que Jaime tocaría la guitarra y él en la voces. Tratamos de llevarlo a cabo pero fueron varias las razones que impidieron que se lleve a cabo. Como que ambos tenían ideas distintas entre sí, por momentos irreconciliables entre sí pero en ambos muy elaboradas para los recursos técnicos que poseíamos en ese momento…
Cocó recién estaba empezando a cantar, a ensayar un estilo propio con su voz, algo que es muy difícil hacer cuando se está empezando, pero que años después lo materializó”.**
Precisamente sería Jaime de Lama quien de alguna manera lograría renacer el singular proyecto, esta vez bajo el nombre de Col Corazón.
Las guitarras manifiestas en esta nueva aventura nos hacen recordar a los primigenios grupos noise como sus contemporáneos The Jesús And Mary Chain y por momentos etéreos, sin dejar de pensar en el “Darklands” sonoro de Cocteau Twins. Semejante aporte a una banda que volviendo a los referentes artísticos comenzó a componer escritos propios – podrían ser frases o simplemente palabras – que guardaban una complicidad armoniosa con el ambiente sónico que evoca sentimientos – estados emocionales.

Una de estas canciones fue Solineide, incluida dentro de una lista con nombres de mujer... que sin embargo quedó como proyecto. El motivo era que nunca llegó a ser la apropiada para la música creada por el trío. Años después sería eternizada en la canción Miel Nube Hiel del proyecto vanguardista Silvania. Cabe decir que Cocó no tomó la letra completa ni la música, sólo dicha palabra que le encantaba mucho y tomó un largo silencio desde el año 1986.

Col Corazón, al igual que muchas de su generación dejó de existir a finales de los ochenta. Nadie sabe cuándo fue, sólo lo hicieron en una tarde gris, como esas que eran recurrentes en la vieja Lima de antaño...
Echar una mirada a su historia es reconocer el trabajo de una joven agrupación que trató - y lo logró - impregnar y vincular voces que narraban paisajes artísticos con ese sonido de ritmos decadentes y melancólicos que nos hacen reflexionar si estamos frente al pionero del Noise Pop local.
Qué duda cabe...



Reseña de Salón Dadá/Col Corazón por Jorge Cocó Revilla.
Afiche de concierto donde Salón Dadá comparte escenario con
recordadas bandas que hicieron historia.


Citas:  
* El Dadaísmo fue un movimiento artístico, anarquizante, irrespetuoso y antidogmático. Los dadaístas se interesaron por el arte como un medio provocador que les permitía enfrentarse al sentido común, a la religión, a la ley, a la moral, a cualquier ortodoxia. Con ello trataron de fundir arte y vida, y una nueva forma de vivir en la que el arte no fuera lo excepcional, sino lo cotidiano.
** Támira Basallo en homenaje a Cocó Ciëlo - Centro Cultural España (04.11.08)

Enlaces relacionados y música
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- Salón Dadá   - Maqueta 1986 -