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19 de julio de 2023

Cenizas: ¡Música de los noventa! (1996)

 


Una entrevista a los integrantes de la banda de rock Cenizas con motivo de la publicación de su primer álbum Sin Perdón” (¡Eureka! Records, 1996)




Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA



Russo, Renato. Cenizas. ¡Música de los noventa! En: Click, La República. 17 de agosto de 1996, p. 3.


27 de marzo de 2023

De tal palo... ¿tal pesadilla? (1986)

 


Un curioso reportaje de tono sensacionalista publicado en La República”. Los entrevistados son Leopoldo La Rosa padre e hijo, ambos ligados a la música desde escenarios diferentes. Las preguntas apuntaban a una polémica que no tuvo efecto, al contrario, demostraron una relación de respeto y afecto mutuo. 






Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA


De tal palo…
¿tal pesadilla?

 

Leopoldo La Rosa vs. Leo Scoria

Los hijos pueden ser una prolongación de nuestras vidas, y también una negación. ¿Es una negación para el sobrio y atildado músico clásico Leopoldo La Rosa, su rockero hijo Leo Scoria, director del grupo subterráneo “Leuzemia”? En estas páginas juntamos a padre e hijo en un frente a frente ilustrativo. Leo Scoria (apellido “artístico” autoimpuesto) declara desde su extraño mundo. Él sabe muy bien por qué se quitó el apellido de La Rosa, para usar el de “Scoria”. ¿Lo sabrá su padre, el ex director de la Orquesta Sinfónica Nacional? A pesar de todo, los dos dicen que armonizan.

 

Por Ángel Pérez

Maestro Leopoldo La Rosa, ¿fue obligado usted por sus padres a seguir la profesión de músico?

No. Si bien nací en un ambiente musical, fui libre de decidir lo que quería ser en el futuro. Mi padre, que era organista de templos, me enseñó mucho e hizo que siguiera su camino. Por eso, a los siete años, yo ya estaba tocando el gran órgano de la Catedral de Lima. Mi casa siempre estaba al tanto de la música clásica y religiosa. De ese ambiente me imbuí.

Ese amor por la música le ha inducido a ejercer la pedagogía y la difusión de la música clásica por radio, televisión y colegios. ¿Cree haber logrado su cometido?

No, porque no me han dado más oportunidades y es poco lo que he podido enseñar. Sin embargo, mi trabajo ha causado efecto.

¿Lo ha causado en su hijo Leopoldo, por ejemplo? Él se hace llamar Leo Scoria y lidera al más importante grupo de rock “subterráneo”, “Leusemia”, caracterizado por un lenguaje soez y la estridencia de su música. ¿No hicieron efecto en él sus enseñanzas?

Mire, en el asunto de la educación de mis hijos, los he dejado libres: cada uno ha escogido lo que ha querido. Ellos han oído música clásica aquí en su casa, y desde chicos los he llevado a muchos conciertos. Si usted les pregunta sobre obras de música clásica, les contestarán con detenimiento. A ellos los he dejado libres como hicieron conmigo mis padres. En realidad, nadie me inculcó a mí la música clásica. Yo la escogí porque nací en un determinado ambiente. No me obligaron. Más bien, me parece estupendo que mi hijo Leopoldo haya tomado su propio camino musical, que es una expresión muy interesante de la juventud del momento.

¿Qué reacciones tiene usted al escuchar su música?

Hay obras… hay canciones que me gustan mucho. Tienen una música muy hermosa, muy interesante. Ellos con su música se sienten bien, pueden decir sus cosas.

¿Y usted cree que se puede destruir “esta sociedad podrida”, como dice su hijo, con la música que él practica?

Todos los jóvenes, en un determinado momento, quieren arreglar el mundo de una u otra forma, con diferentes sistemas cada uno y valiéndose de distintos medios. Para mí no es una sorpresa que Leopoldo quiera cambiar su sociedad: muchos músicos han querido cambiar el mundo gracias a la música. Mi hijo –yo he conversado con él seriamente– posee una seria de ideas para cambiar lo que él considera que está mal y me ha dicho, además, que está convencido de lograrlo con la música que él quiere. 

¿Qué tipo de música se escucha en su casa?

Variada. En estas cosas no hay imposición de mi parte, nunca la ha habido. 

¿No hay enfrentamiento entre su música con la que hace Leo Scoria?

No. Es otro camino el de mi hijo. Además, la música es una sola, es el arte de combinar los sonidos. Unos lo hacen con de esta forma, otros de distinta manera… en fin. Nunca podemos decir que una música es mejor que otra: cada una expresa realidades específicas. Todo el rock que tocan este grupo de jóvenes es una expresión tan buena como puede ser la expresión de otro músico con diferente tipo de música. 

¿Le gusta el rock maestro Leopoldo La Rosa?

Por supuesto. El rock tiene cosas que me gustan mucho. Hay momentos en que me encanta escuchar rock como hay momentos en que prefiero un concierto de Mozart. 

¿Cómo son sus relaciones con su hijo Leopoldo?

Muy buenas. No tenemos problemas. 

¿Y con Leo Scoria existen dificultades?

¡No! Los quiero a ambos, porque son uno solo: es mi hijo.

 

 

 

Por Álamo Pérez Luna 

¿Cómo y cuándo entraste en la música?

Ya ni me acuerdo. Creo que desde muy chico. En esa época escuchaba de todo, llámese clásico, huayno, todo lo que llegaba a mis oídos. No sabía lo que quería todavía. 

¿Tu padre nunca te inculcó el amor a la música clásica?

No, yo escuchaba todo, ¿no te digo? A mi nadie me enseñó nunca nada. Todo lo hice por mi cuenta. 

¿Cómo llegaste al rock subterráneo?

Quería hacer música, combinar música con mis vivencias. Ahí descubrí a los movimientos punk ingleses y me gustaron. Había música y agresividad, las dos cosas juntas, y eso me gustaba. Poco después conocí a Daniel, si no me equivoco en el 83. Nos juntamos con otros patas que más o menos pensaban lo mismo que nosotros, y comenzamos a tocar. 

¿Siempre tocaste el bajo?

No, en un tiempo me puse a tocar piano. 

¿Tu padre te enseñó?

No, no me enseñó nadie. Yo todo lo he aprendido por mis propios medios.    

¿Y cómo está el grupo ahora?

Daniel dejó el grupo. Ahora sólo estamos Raúl Montañés, Kimba (hermano de Daniel) y yo. 

¿Cómo reacciona tu padre ante la música que haces en “Leuzemia”?

Con mi padre existen mucha armonía. Al principio fue un poco duro, pero ahora le parece que está bien lo que hago. Mi mami se muere de risa con mi música, le vacila. Algunas veces ha dejado de escuchar mi música porque mi papá tenía que descansar o algo así, pero esos son problemas menores y muy ocasionales. 

¿De dónde viene el apodo de Scoria?

Ya ni me acuerdo quién me lo puso. Esa chapa tiene mucho tiempo, pero no creo que signifique nada especial. 

¿Y tu padre no te dice nada por haber suplantado el apellido La Rosa por el de Scoria?

Yo llevo mi vida, mi padre no me dice nada. 

Pasando a otra cosa, ¿por qué son agresivos cuando tocan?

Eso nos nace, nos brota, es completamente espontáneo. Nada en nosotros es prefabricado, como en otros grupos de esta ciudad. Así lo sentimos, por eso lo hacemos. 

¿En la vida diaria se portan igual?

Nosotros siempre reaccionamos de una forma natural y espontánea, aunque preferiría hablar solo de mí. Trato de llevar mi vida de la forma más adecuada. A veces ni yo mismo sé cómo voy a reaccionar de aquí a unos segundos. 

Políticamente, ¿eres anarquista como la mayoría de rockeros subterráneos?

Yo no soy anarquista, soy “alpinchista”. 

¿Cómo es eso?

Porque todo me llega ahí, hasta que estés preguntándome cojudeces y yo respondiéndote. 

¿Cómo te llevas con tus amigos?

Muy bien, yo no tengo problemas con nadie. Sólo me llega los hipócritas, los que te dicen una cosa y cuando te das media vuelta se ponen a rajar de ti. 

¿Todos tus amigos son subterráneos?

No, yo tengo amigos en todas partes y de todos los tipos. Aunque te voy a decir que amigos tengo pocos. Lo que me sobra son conocidos, no amigos exactamente. 

¿Ustedes se consideran parte del rock peruano?

No, nosotros estamos solos. Mira, hasta entre nosotros mismos, los integrantes de “Leuzemia”, hay marcadas diferencias. Cada uno es muy distinto al otro. 

(Al ver “Pájinas Libres” de González Prada tirado por ahí, le pregunto)

¿Lees mucho?

No, lo tengo ahí por si acaso, es pura finta. 

Y de tu padre, ¿qué piensas?

Mi padre nunca me ha impuesto nada, yo he aprendido a hacer lo que me parece bien y a reaccionar como quiero. Nunca me ha prohibido hacer nada y por eso me llevo muy bien con él. Así de fácil.

 


Fuente: Pérez, Ángel y Pérez Luna, Álamo. De tal palo… ¿tal pesadilla? En: La República. 2 de marzo de 1986, pp. 34-35.

14 de febrero de 2020

ROCK (LIMEÑO) EN EL SUBTERRÁNEO (1986)







Rock (limeño) en el subterráneo
 Gritos, susurros, eructos y lisuras 

de una generación nihilista

Odian a Beethoven (Beethoven los odiaría también). Tratan al idioma como a mula caprichosa (y el idioma les niega, recíprocamente, sus mejores gracias). Sueñan con muladares propios y gozan infinitamente cada vez que un cuarentón se sonroja (cadavérico en sus modales) con sus letras de burdel punk. Son los rockeros duros, la vanguardia de avanzada, la ultra del extremismo, los que escupen al público, los que tocan de espaldas, los que no creen en nadie sino en el alarido y la antiarmonía. De este mundo sale “Zcuela Crrada”. Y ese es el mundo que esta nota abre para nuestros lectores.


En cualquier concierto donde están, siempre pasa lo mismo: una hilera de jovencitos a los cuales aún no les ha brotado el bozo, metidos dentro de casacas negras, con blue jeans que hace mucho tiempo podían haber pasado al cesto de la basura, en zapatillas, se apretujan ante la puerta de ingreso del local y van saliendo expurgados con prolijidad por otros mozalbetes que guardan en el bolsillo trasero fierros o cadenas.
La búsqueda tiene un solo fin: evitar que a los conciertos de rock subterráneo ingresen “chatas” de ron, latas de cerveza u otros estimulantes líquidos. Algunas veces, mar de cuidadosos, abren billeteras e introducen los dedos por las rendijas; esta vez la pesquisa indaga por un “tronchito” o un “paco” de cualquier droga. Nunca se sabe.
Pero adentro la cosa siempre se desata. Por encima de las cabezas de estos púberes – algunos con los pelos parados a fuerza de gomina o cortados como si hubieran asistido a una ceremonia de “cachimbos” – se distinguen huecos. En cuclillas, los más sagaces, fuman los tronchitos que no vio la requisa. Y como también siempre hay cómo ingresar una latita de cerveza, pues se destapa. Es la ceremonia previa que antecede a la presentación de los grupos nacionales de rock subterráneo.
Están allí, entre chillidos, lisuras, imprecaciones y mentadas de madre – así son la mayoría de las letras por supuesto – desde el año 84, y siguen proliferando. Generalmente, equipos de amplificación de muy mala calidad aumentan las distorsiones. La comunicación con el público adolescente es totalmente sui géneris: se insultan, se escupen, se arrojan y devuelven envases de trago y demás. Cada cierto tiempo pareciera que se arma una gigantesca trifulca, pero no: es un bailecito con visos apaches que está de moda: el “pogo”, cuya cualidad consiste en meterse encontrones y empujarse, con patadas de yapa.
Aunque estos muchachos con sus bríos no matan en realidad ni una mosca –no se ha sabido de heridos graves en ningún concierto– la verdad es que la cosa medio que asusta. Y crece.




CERRANDO LA ESCUELA
“Las lisuras que decimos no son más que las que puede decir Luis Alberto Sánchez en una conversación privada”,  exclama Edwin Núñez, vocalista y líder del grupo Zcuela Crrada, uno de los conjuntos más complejos de esta mixtura entre el hardcore, versión radical del punk europeo, y el free jazz. “No sé cuál es la nota allí –se enfada, aludiendo a los artículos furibundos que sus presentaciones causan en los medios de comunicación. Hay otras cosas: modo de pensar diferente, heterogéneo, porque el rock subterráneo no solamente  es lo musical. Es un despertar artístico”.
Este despertar consiste en un rock muy ligero, casi elemental, agresivo y con letras cargadas de protesta y coprolalia. Críticos subterráneos dicen que Zcuela Crrada es el grupo más logrado del movimiento, muertos los fundadores Leusemia y Narcosis.
Las lisuras que defiende Edwin, letrista, vocalista y líder del grupo, son llanas y sin ambages, como en su tema “Loco burdel”: “Ansias de loco burdel/ ¿Qué se desata?/ Manos que tiemblan su sed y su amenaza/ Tratos que cierran la red/ Y abren el miasma/ Mierda que asoma su hez…/ …/ Mierda de loco burdel”.
Ninguno de los cinco integrantes de Zcuela Crrada ha estudiado música, ni oído con atención a los clásicos. Quizá el menos desairado resulta Mussorgsky, porque los rockeros Emerson, Lake and Palmer hicieron un álbum sobre “cuadros para una exposición” (Pictures at an Exhibition).
Edwin tiene 24 años. Los demás – Arturo Alfaro (saxo), Adolfo Alfaro (bajo), Mauricio Fonseca (batería), y Martín Medina (guitarra) – frisan entre los 20 y los 22 años. Limeños y chalacos del barrio de Bellavista, los de Zcuella Crrada, a pesar de la dureza de su música, dan la impresión más bien de ser estudiantes formales, alejados de la estridente indumentaria de sus seguidores. Edwin apenas tiene una coleta que le cuelga de la nuca.
Ensayan dos veces por semana. Lo hacen en una habitación apretada en una azotea, donde duerme – es la casa paterna – Mauricio. Una cama, afiches rockeros en las paredes, David Bowie con su mirada andrógina en uno de ellos, una pila de confusa de casetes, discos, y la batería, son todo el ornamento. “No, mis padres no me dicen nada –señala Mauricio cuando queremos saber si a ellos les molesta el ruidazo. No se meten en mi vida”. Y esto es increíble. Los contestatarios músicos, a juzgar por lo que nos dijeron, son todos hijos formales y amantísimos de sus padres.
“No siento ni rebeldía ni marginalidad – acota Martín-. Me gusta la música, por eso estoy en Zcuela. Lo que me desagrada es el heavy metal, lo oscuro, las misas negras. Y no creo que haya rebeldía contra mis padres. Yo no me meto con ellos ni ellos conmigo. Mi vida es normal”. Mauricio, en un extremo, montado sobre el  asiento de la batería., sigue con sospechas el diálogo, hasta que nos aborda.
“No necesito mostrar rebeldía ante el público –ataca. Tendré muchas cosas contra las cuales rebelarme, pero no con el rock”. Mauricio pertenece a la vieja hornada subterránea, la primera promoción de Edwin, Leo Scoria y Daniel F.
En todos los conciertos se arman tremendas trifulcas. “Los chongos –dice Adolfo– son producto del público que quiere violencia, y que por último no entiende la música ni las letras. Esos chiquillos son los que quieren justificar su malcriadez con el rock. Pero uno les para los machos y se aquietan”.
Edwin es el más tajante en cuanto a todo. Por algo es el líder. “Tengo un descreimiento total de la política, de todos los partidos incluyendo a Sendero Luminoso. Por los hechos mismos: no hay soluciones. Yo estoy al margen, pero en la marginalidad hay matices”. Él sí piensa que el rock debe incluir entre sus blancos a la familia (“que te impone todo”) y dice que la violencia “todo el mundo la lleva dentro, la gente es neurótica”.
Y grita contra los héroes dorados del viejo rock. “Los Beatles me gustaban –señala Edwin pero de chibolo. Ahora me parecen una total estupidez. Es el vivo ejemplo de lo normal, de las concesiones”. Pobre John Lennon. Edwin prefiere a los Rolling Stones.
En cólera total contra todo, estos subterráneos reniegan hasta de su padre: el punk. “La gente lo que busca es desfogar –dice Arturo. Yo no creo que acá exista el punk, deberían buscar otro nombre. Yo paro igual, tocando o sin tocar. Antes tomaba trago para salir a actuar, pero ahora no, hasta me cuido”. Montamos rápidamente en sospecha ante tanto candor.
“Que haya un troncho por allí o que hayamos probado, no es el problema” aceptan. “Lo subterráneo es hasta algo jocoso –dice Martín: el pogo, la agresividad. Yo miro a los patitas y toco nomás”. “Yo hago lo que me gusta –prosigue, si le gusta a la gente, bien y si no, no. No me interesa”.
Salta nuevamente Mauricio, mirándonos fijamente desde sus lentes tipo John Lennon: “Yo no puedo comprender que un grupo rockero cambie algo en este país, ni por qué nos estás haciendo esta entrevista, que nos parece puro sensacionalismo, ganarse con algo que no tiene importancia”.




EL MUNDO DE MARÍA T-TA
Según todas las lenguas – malas y buenas -, fue la revista “Ave Rock” la que bautizó a esta variante de música como “subterránea”, con el fin más bien superficial de promover un concierto en “La Caverna” de Miraflores el año 84.
Desde entonces se sucedieron toda una serie de grupos, unos más agresivos que otros, que se han ido recomponiendo, desaparecido o prestándose sus músicos.
En el 84 aparecieron dos grupos. Narcosis (con Wicho, Cachorro y Pelo Parado) y Autopsia, ya desaparecidos. En el 85 siguieron Zcuela Crrada (con Edwin, Luis, Alma Negra y Jaime Zero) y Guerrilla Urbana (con Pedro K y Leo Scoria como líderes), de los dos solo sobrevive Zcuela Crrada.
A continuación, la larga mancha de los subterráneos. Los grupos que han fenecido llevan una crucecita al lado. Juventud La Kaigua S.A. (de Miraflores ), Radicales (de La Victoria), Sociedad de Mierda, Excomulgados (de La Victoria), Flema (de Bellavista), Pánico (de Miraflores ), Yndeseables (que no han hecho ninguna presentación pública; solo grabaron un casete).
Autopsia (de Miraflores ), Conflicto Social (), Descontrol (de Miraflores), G-3 (de Miraflores), Erupto Maldonado, Frente Negro (), Delirios Krónikos (de Jesús María ), Eutanasia (de La Victoria), Exodo (de la Unidad Vecinal No. 3), Trauma, Templo y Diagnóstico Reservado (los tres de Chosica), Vox Propia (de Jesús María), Feudales (de Miraflores).
Psicosis (de Lince), Kaoz (de Jesús María), Delirium Tremens, Empujón Brutal (acaudillados por María Teta, Reina Milly e Iván (ex Flema), Salón Dadá (de Bellavista) y Luxuria.

Fuente: Sánchez, Enrique. Rock (limeño) en el subterráneo. En: La República (19 de octubre de 1986), pp. 54-55.

20 de julio de 2019

Súper Concierto Ave Rok (1985)








NARCOSIS abriendo el Súper concierto Ave Rok
31 de mayo de 1985
Fotografía: Kid Oscarix






EL ROCK ACHORADO
Un pase de vueltas




Una pequeña masa de bárbaros se reúne, arremolina, en la puerta de ingreso a la Concha Acústica del Parque Salazar de Miraflores. Ante la mirada vigilante de unos mozalbetes rubicundos, armados de palos, extraen de sus bolsillos los billetes que les permitirán el ingreso al Súper Concierto Ave Rok que organiza la revista rockera del mismo nombre. Adentro se escuchan estridencias de guitarras eléctricas en agresivos punteos. Al trasponer la reja de hierro, otro jovencito catea a los que van ingresando. Ni botellas de trago ni objetos pesados pueden ingresar al concierto. Adentro la visión es de locura: en medio de luces fantasmagóricas y humo de colores, sobresalen tres muchachos: uno con una guitarra eléctrica, otro en el micrófono y atrás está el tercero, frenético con su batería. Es el grupo rockero “NARCOSIS”.
“Hay sucios verdes… que actúan por conveniencia… que defiende la decadencia… a los gobiernos y a los políticos de turno… ¡Sucios! ¡Sucios! ¡Sucios policías!”.
Con inusitada violencia, Wicho, el cantante de “Narcosis” canta el tema “Sucio Policía” y señala con el dedo hacia donde están las fuerzas del orden, en la cima del malecón, y sigue gritando fortísimo: “¡Sucios policías!. El sonido que se consigue, en base a sólo dos instrumentos, es muy aceptable para la línea de rock. “Son ruidos armónicos”, sentencia un rockero más bien intelectual, tronando los dedos y aspirando un cigarrillo medio sospechoso.
        La gente –nadie mayor de 20 años– delira con “Narcosis” y se dedica a gritarle de todo. “¡Mueran, mierdas!” ruge un mozalbete de unos 13 años, y todos sus amigos se retuercen de la risa. En el suelo hay evidencias de alegrías espirituosas: el vacío envase de vidrio de una “chata” de ron. “¡Muérete tú primero, concha de tu…!” exclama con desprejuicio Wicho desde el micrófono. Más chacota. Los muchachos de alrededores, normal nomás, como si estuviesen acostumbrados a tan peculiares relaciones públicas. Un sonido fenomenal y cesa el ruido. Aplausos.
        Ahora –anuncian desde el micrófono– un supertema de Sex Pistols (¿?): “Quiero ser tu perro”. Y se arrancan sin dilación: “Ahora quiero ser tu esclavo y hacerte daño… Ahora quiero ser tu perro… Quiero estar a tu lado…” y los muchachos enloquecen en el público. Una fría brisa marina refresca esta noche medio turbulenta. Los que estaban repartiendo mentadas de madre desde la platea, prosiguen en su afán, con grandes alaridos que se deben oír hasta arriba, por la pista donde circulan carros y microbuses a Lima. Decenas de jovencitos miran desde los altos, al haberles faltado dinero para el boleto de ingreso.
        Nadie se ha dado cuenta cómo, pero el rock filo-punk en español de “Narcosis” cambió de tema, pero no de línea. “Destroza las cadenas que te atan… mata al presidente y a todos sus ministros… levántate y sal de esta maldita marginación… destroza las iglesias y a sus sucios sacerdotes… destroza al terrorismo y su sucia agresión…”. Entre el humo y las luces (¿psicodélicas?) se nota una lluvia media extraña sobre el escenario: alguien, en el máximo de su inventiva para la gracia limeña, está arrojando botellas vacías de ron al escenario. “Narcosis” no se queda: devuelven las botellas con idéntica alegría. Aplausos para el rock de “Narcosis”.
        La virulencia de esta generación rockera no es nada nueva bajo el sol. A fines de los 60 se cuenta que Jim Morrison en un concierto de rock en Inglaterra, en el célebre grupo The Doors, se bajó los pantalones y empezó a masturbarse ante el público. En Woodstock, Ten Years After rompió sus guitarras eléctricas y las arrojó al público. En una onda nacional, por los mismos años, Pablo Luna de Los Yorks, se contoneaba espasmódicamente y rompió también algunos micrófonos. Pero hay que reconocer que la virulencia en este caso se ha triplicado por lo menos.
        Como fantasmagorías en el centro de la noche, surgen los chicos, algo mayorcitos, de “Del pueblo”, rockeros que hacen una fusión de rock con música nacional, pues usan quenas, zampoñas y charangos. Comienzan haciéndola larga. Inquietud entre los adolescentes marabuntas que están pifiando y mentando la madre de lo lindo. Los de “Del pueblo”, impávidos, como si con ellos no fuera la cosa, afinan sus instrumentos. Más gritos y mentadas de madre. Nada pasa. Cuando ya llevaban cerca de quince minutos en este plan y empezaba la variopinta lluvia de objetos contundentes sobre los músicos, arrancan con un tema.
        “Yo no quiero estudiar… yo no quiero trabajar… dame cinco lucas que estoy deprimido… y me fumo un tronchito… ” cantan en medio de la algarabía general. Mientras, uno de los integrantes del grupo se pasa cargando un inmenso “troncho” y otro llega atrás arrojando algo (¿qué será?) al público. Gran vacilón entre la audiencia. Terminando el primer tema en medio de gritos y susurros-, “Del pueblo” se arranca con la segunda de la noche. “Ven a mí, ven a mí, perdición… venganza, odio, codicia, violación, lujuria, gula, pereza…” y cuando se le acaban los vicios irrumpen, frenéticos: “¡Lucifer! ¡Lucifer!”. Toda una misa negra en rock.
        Como todo está en aumento –la tensión eléctrica recorre a los chicos– acaban con el número máximo: “La lucha armada atacando ya, la lucha armada del campo a la ciudad…” en una suerte de descripción de los apagones con bombazos y derribamiento de torres a los que nos vamos acostumbrando en la capital, pero sin el menor ánimo de ser apologéticos. Adelante, cerca al proscenio, hay algunas grescas. “Esto no es nada –nos informa un asiduo concurrente a los conciertos de rock–, en otros la cosa es peor”. Cada cinco minutos un grupo de los organizadores trata de bajar a quienes se quieren subir a mostrar sus ánimos sobre los músicos. Los mismos rockeros patean las botellas que ya están cayendo sobre ellos.
        El próximo grupo es el de Miki González. En sus temas, más limpios en el sonido, pero con parecida violencia verbal, cantan la falta de dinero de la gente, las redadas luego de los apagones, todo lo que está sucediendo a la ciudad en estos meses (Los milicos se reúnen, los terrucos también…”) haciendo notar que la violencia callejera ha quedado impregnada en el sentimiento de estos chicos. Hay dos morenos que tocan percusión en el grupo y que son crecientemente hostigados por el público. Hasta que algo cae a uno de ellos y se marcha. Miki grita por el micrófono: “Bueno, ya se fue el negro de mierda ¿van a estar tranquilos? Dejen de joder”. Hay risas y el concierto prosigue.
        Miki González tiene un tema que suena en la radio. Ese es el que exigen el respetable (¿?). Y lo instrumentan: “Soy como el patita de la televisión, que con dos chicas y con tanta propaganda voy a enloquecer…”. Se arma el despelote. Hay muchachos en la platea que están trepados unos encima de otros. Más allá otro se ha quitado la camisa y pasea dando alaridos. Un humo medio acre se respira en la concurrencia; alguien está fumándose un “tronchito”. Risas, gritos, palmas, de todo se oye esta noche como fondo a las canciones.
        Cuando aparece “TV Color” la gente aplaude más de lo normal. “Ya vienen estos pesados” comenta un rockero duro, sin concesiones. Sube Danai, la vocalista, con atuendos punk. “¿Cómo se llama la vieja?” quiere saber un insolente de 14 años más o menos. Danai no debe llegar a los 30 años, y si pensamos que John Lennon era un cuarentón cuando murió, esto es francamente un exabrupto. Pero igual “TV Color” canta y toca. Con un sonido más elaborado (hay un saxo que es verdaderamente bueno) se lanzan con temas de largas partes instrumentadas.
        De mayor edad que el resto de músicos, los de “TV Color” frisan los 30 años. El ‘Chino’ Chávez, director musical del grupo, es rockero antiguo. Pero sacan sus aplausos hasta el último tema. “Los rockeros somos bacanes” exclama Danai sin mucha convicción. Se escuchan unos chiflidos. Total, que concluyen con sus temas, menos explosivos en la letra si es que tomamos el referente de los otros grupos. Pequeñas bandas de adolescentes deambulan medio ebrios.
        Cuando las luces se apagan, la masa se va hacia arriba, al malecón. Gritan y suben las gradas a trancos. Por entre ellos están algunos de los músicos que no han sido invitados al concierto de esta noche: Leuzemia, Guerrilla Urbana, Zcuela Cerrada. “Oye loco –le dice un muchachito a otro–, ¿tienes diez lucas para seguir chupando? y se marchan abrazados. El rock, éste por lo menos, ha dejado de ser el emblema de paz, amor y música de Woodstock para convertirse en una subversión de los valores que, aunque desatados por la moda punk, algo de historia nacional presente acarrea.





“Punks”
en collera



El rock peruano, aquel gran olvidado en los medios de difusión limeños tiene, contra lo que muchos siempre hemos tratado de evitar, varias tendencias, alejándose más unas de otras; esto es indudable. Hoy toca hablar de aquella que se autodenomina “rock subterráneo limeño” y la que, basándose en el “Combat-rock” (rock combativo), irrumpe nuestros oídos y nuestra atención últimamente. El viernes pasado presenciamos el “Súper-concierto” (como lo anunciaron los organizadores) de AveRock Producciones. Desde que ingresamos al local, notamos lo que sospechábamos con anterioridad. La Concha Acústica de Miraflores era un pandemónium y los presentes estaban entre anonadados por la energía de NARCOSIS y sorprendidos por los improperios subidos de tono de su cantante: “los que nos gobiernan, sean de derecha o de izquierda, siempre serán la misma mierda”.
        “Como muestra un botón”, reza el dicho, y de todo lo sucedido esa noche pueden partir las premisas y las preguntas, aquellas que nos formulamos cuando pensamos diariamente en nuestro rock.
        Existen varios grupos (por no decir muchísimos) que se identifican con este vapuleado “rock subterráneo”. Si bien los precursores de este movimiento en Lima fueron Los Saicos, hace una buena cantidad de años, este movimiento recién se ha ampliado considerablemente desde el año pasado con la inundación de las paredes limeñas del nombre del cuarteto Leuzemia.
        De un año a esta parte, han surgido nuevos nombres, todos con la queja desde el saludo, al presentar sus nombres: Guerrilla Urbana, Anti-Tucos, Zcuela Cerrada, Sarita Colonia y Los Desgraciados, Fosa Común, Flagelo, Los Excomulgados y los mismos Leuzemia y Narcosis, entre muchos otros; también nuevos conciertos, todos con buena cantidad de público como el sucedido el 17 de febrero llamado “Rock en Río Rímac” que inundó la esquina de Tarapacá y Guardia Republicana; y, a propósito de guardias, que culminó cuando Narcosis cantaba su tema “Sucio Policía” y uno de los aludidos disparó un tiro al aire. Se puso peligrosa la cosa.
        Los asistentes a estos conciertos se identifican plenamente con los intérpretes, aunque el viernes pasado recriminaron totalmente a “Del Pueblo”, conjunto que realiza un trabajo tal vez más ambicioso que los demás al presentar una ópera rock (que no creo que sea lo que presentaron esa noche) y que se mueve en otra “onda” musical al realizar ¿rock andino tal vez? Puede ser, pero lo que sí está en la misma onda literaria: se encuentran los insultos, las quejas al sistema, las burlas y el sarcasmo por doquier.
        ¿Por qué entonces el rechazo? Suponemos que debe ser a su música, lo cierto es que “Del Pueblo” está preparando su última ópera que se llamará “Los cinco quetes” y una gira al Cusco, Arequipa y Puno.
        Hay otras preguntas flotando en el ambiente ¿Todos estos grupos se consideran como parte del rock peruano? Parece que sí, aunque la influencia del grupo “punk” inglés “The Clash” en Narcosis es evidente, por ejemplo; estos grupos rechazan totalmente todo lo que venga de afuera. Bueno, las incongruencias están en todas partes.
        ¿No sería bueno unir fuerzas con los grupos que no están en su misma “onda social” (como ellos dicen), para sacar adelante la cosa? ¿No sería bueno sacar la cara todos juntos por el rock peruano, o es que ellos utilizan al rock para decir lo que piensan, olvidándose por completo del aspecto musical?
        Los indicados para responder a todo esto son ellos mismos, aunque lo cierto es que todos los que no están muy identificados plenamente con el rock peruano, piensan que ellos son parte del movimiento rockero nacional. Claro, es la imagen que brota de ellos mismos, lo quieran o no.
        La sociedad tercermundista, aquella que nos agobia día tras día, genera todo este tipo de manifestaciones culturales, las cuales se fortalecen con el correr del tiempo y con la cada vez más larga espera de la solución al hambre, al terrorismo, a la corrupción y al desorden social.
        Hay una premisa importantísima: ellos no tienen definida su línea política a seguir, sino remítanse párrafos arriba y lean parte de la letra de una canción de Narcosis. No le encuentra solución al problema, están totalmente desilusionados de la realidad social y política del país y se encuentran (por lo menos, así lo aparentan), totalmente en contra de todo aquel que no tenga sus mismas ideas.
        ¿Cuáles son sus metas, sus alcances, y dónde están sus raíces? Por lo menos las últimas, parece que en los grupos punks ingleses que surgieron a mediados del ’78 y que dejaron una estela muy numerosa en distintas partes del mundo.
        Lo más importante de todo esto radica en que ellos defienden sus ideas a “capa y espada” (textualmente), esas ideas que hacen que el hombre se realice plenamente al encontrar su verdad y al descubrir que el trabajo efectuado para encontrar eco a sus pensamientos no fue en vano.
        ¿Lo estarán haciendo en la forma correcta? Sólo el tiempo lo dirá.







 


Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA




Fuentes
Sánchez, Enrique. El rock achorado. En: VSD, La República, 21 de junio de 1985, pp. 6-8.

Pérez, Álamo. Punks” en collera. En: VSD, La República, 21 de junio de 1985, p. 8.

29 de marzo de 2018

NARCOSIS: Primera Dosis (Narcosis Producciones, 2000)




DESCARGA LA MAQUETA PRIMERA DOSIS


PRIMERA DOSIS, verano de 1985
1.- Intro (0:48)
2.- La peste (1:14)
3.- Represión (3:33)
4.- Destruir (2:09)
5.- Triste final (2:05)
6.- Excusas (2:17)
7.- Quiero ser tu perro (2:01)
8.- Sucio policía (3:31)
9.- Vida actual (2:51)
10.- Yo no quiero (2:24)
11.- Hemicirco (1:47)
12.- Danza de los cristales (3:01)
13.- Destino (6:07)
14.- Dextroza intro (2:09)
15.- Dextroza (1:49)
16.- El microbús (2:43)
17.- Slacks asesina (2:04)
18.- Asfixia (3:27)

CONCIERTO EN MAGIA, 12 de julio de 1985
19.- Destruir (2:45)
20.- La peste (1:35)
21.- Quiero ser tu perro (2:25)
22.- Hemicirco (2:09)
23.- Dextroza (1:41)
24.- Yo no quiero (2:43)

CONCIERTO EN LA RICHI, 31 de junio de 1985
25.- Sucio policía (3:22)

RAREZAS
26.- Destruir (versión) (2:17)
27.- Sucio policía (versión) (3:04)
28.- Sociedad anónima (el feto de Narcosis, 1984) (3:06)


NARCOSIS

Fernando "Cachorro" Vial, Jorge "Pelo Parado" Madueño y Luis "Wicho" García
Debut: Pub New Carnaby (06/Octubre/1984)
Despedida: Magia (12/Julio/1985)

Conciertos póstumos
Colegio Los Reyes Rojos (14/Diciembre/1985)
Rock en Río Rímac II (08/Febrero/1986)







Reproducción del material gráfico de la maqueta "Primera Dosis",
publicada en su última reedición en formato vinilo (GJ Records, 2017). 





10 de enero de 2014

Se reúnen los tigres del techno (La República, 1991)




Como adelanto de la presentación del grupo Círculo Interior en “Síntomas de Techno” (15/3/91), la nota de prensa publicada en La República.




Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA



Fuente: Se reúnen los tigres del techno. En: La República/ Espectáculos. 13 de marzo de 1991, p. 7.