24 de enero de 2016

La nave de los prófugos









La nave de los prófugos

Reducto subterráneo en el centro de Lima



¿Cómo te llamas? –Le preguntamos al muchacho de gorra gris.
-Paco “al cubo”- nos contesta riéndose. No, aguanta flaco, no apuntes eso –se inquieta-. Espérate, deja pensar. Mira a mí me dicen “Paco de a luca”.
-¿“Paco de a luca”? repetimos, tratando de entender
-‘Ta que estás en la calle compadre. ¿No sabes lo que es un “paco”?
Nos mira con un aire de superioridad y nos explica que un “paco” es “un paquete de la buena” (o sea, un paquetito con pasta pe, no te hagas…) y una “luca” es mil soles. Paco, -así nomás, solito- es dueño de la mesa, los casetes, libros, el paraguas y la bandera negra que todos los días a las cinco en punto de la tarde aparece frente a la escalinata de la universidad Villarreal.
Él la llama “La nave de los prófugos”.
Alrededor de esta “nave” equidistante –por extraña metáfora- de prostitutas y sindicalistas que ocupan puntos opuestos de la avenida Colmena, se reúne casi todos los días un peculiar conglomerado de grupos musicales: Son –según define una de sus integrantes- los menos comerciales y complacientes (no se complacen ni ellos mismos), los más “misios”, los más crudos, los más realistas, los que peor sueñan, los más malos, más feos, los más marginados, -en fin-, los que nadie quiere.

Se hacen llamar grupos “subterráneos” y su onda es el “deschave, o sea tocar lo que a uno le dé la gana, manyas flaco”, dice uno de los patas, ojos vivaces, zapatillas mugrosas y pelo extrañamente recortado.
¿Cómo aparecieron los “subterráneos”? le preguntamos a nuestro amigo “Paco al cubo”.
No se sabe, surgieron de un momento a otro, hace más o menos dos años. Brotaron, funnnn como la yerba mala. Sin jefe, sin clichés, sin partidos, sin poses…

¿Sin poses?, lo interrumpimos. ¿Y la onda punk inglesa, las casacas negras, los pelos parados?
Paco vacila por un momento y mira hacia su “nave”. Allí algunos muchachos observan los casetes y hojean los libros. En ese momento uno de los últimos vientos otoñales hace flamear la bandera negra. En ella, cual escudo, hay dibujada una calavera. Paco toma aire y responde.
- Hay de todo, mano. Ser puro en esta vida es cagón. Los comunistas tienen su hoz y su martillo, que es un símbolo ruso; los apristas tienen su marsellesa, que es un himno francés. ¿Quién mierda es puro aquí? –pregunta suavemente-.
Aquí no hay punk. Las casacas negras, los pelos parados, esas son huevadas.

Muchos de los jóvenes subterráneos con los que conversamos no conocen la historia de su movimiento. Un jovencito huesudo, de ojos hundidos, nos miró con desaliento cuando le preguntamos sobre “Kloaka”. “Yo de esas cosas no sé nada”, nos dijo. Están hambrientos de presente.
“Kola rock”, la vanguardia musical del movimiento Kloaka, fue el primer grupo que podría considerarse subterráneo. Antes, solo se copiaba y cantaba en inglés. De esta generación son Pax, Chachi Luján, Frágil, Hielo, La Pandilla y Dr. No. El conocido grupo Delpueblo que luego se partiría (Del pueblo y Del pueblo del barrio) también aparece por aquella época: ellos inician el folk-rock en castellano. Era finales de 1982.
“Kloaka, más que un grupo homogéneo era un movimiento en el cual convergían poetas, músicos y pintores de diversas tendencias –decía un periodista por aquella época- tenían en común su juventud, una vaga rebeldía contra el sistema y una búsqueda de la soñada coherencia”.
Estas son las raíces de lo subterráneo. Los poemas directos de la época de Kloaka. “Poema dedicado a las trabajadoras de la cooperativa de servicios ‘Mi jardín’ (‘El botecito’): No hay clientes, la noche está floja, tantos rostros, mil quinientos soles… qué floja está la noche”, recitaba una poetisa maldita de entonces.

- “Es que había una necesidad de autenticidad. Ser subterráneo era hacer lo que chucha te daba la gana. No había que leer un culo, no ser buena persona. Solo había que matar lo que te jodía”, confiesa Paco.

- Y “¿qué es lo que te jodía?” le preguntamos.
Que uno conforme pasa el tiempo se vuelve insensible. Preocupado más por lo suyo que por los demás. Que conforme pasa el tiempo disminuye la capacidad que tenemos de crear, de ser uno mismo, ya sea por el sistema, la escuela o familia.

En 1983-1984 aparecerán Leusemia y Narcosis, los pioneros. Tocaban un rock ruidoso y duro. Luego vendrán Zcuela Crrada y Autopsia. Luego Sociedad de Mierda, Excomulgados, Flema, Seres Van, Los Bestias y muchos otros.

- ¿Ustedes se drogan?, le preguntamos a Paco.
- Nosotros no somos niños santos, somos recontra pendejos. En una oportunidad asistimos a una feria del libro encorbatados. Aquella vez hasta nos dieron un diploma por tener el stand más loco.

¿Pero se drogan o no?
Mira flaco, yo te puedo decir que he visto a casi todos los subterráneos recontra borrachos, pero drogados casi nunca.

En el movimiento subterráneo hay mucha gente. Entre ellos podemos encontrar pintores de Bellas Artes, escenógrafos del programa de arquitectura de la universidad Ricardo Palma, antiperiodistas, como se llaman a sí mismos los que escriben en publicaciones caligrafiadas que se fotocopian y venden en la “nave”, y varios poetas.

- Pero ahora los subterráneos se están yendo a la mierda, sentencia “Paco de la luca”. Lo mismo dice Iván del grupo Flema, un “subterráneo triste”. “Esto se está acabando, solo están quedando los entusiastas. Los demás se están yendo a hacer sus cosas, su música, sus sueños”.

Tenemos una última curiosidad y preguntamos.

-Paco, ¿por qué tu puesto se llama “La nave de los prófugos”?
Paco nos mira y entrecierra los ojos.
- Es por aquel poema de Luis Hernández que dice: “A todos los prófugos del mundo, a todas las cervezas junto al mar, a todos los que tiemblan al ver a un guardia… A los que a pesar de su verdad creen o aman”.

Por eso le pusimos “La nave de los prófugos”, dice Paco, porque nosotros también somos prófugos… prófugos de la vida.





Publicado en el suplemento VSD del diario La República el 5/12/86.






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