20 de julio de 2019

Súper Concierto Ave Rok (1985)








NARCOSIS abriendo el "Súper concierto Ave Rok"
31 de mayo de 1985
Fotografía: Óscar Huapaya (a) Kid Oscarix








SÚPER CONCIERTO 
AVE ROK


EL ROCK ACHORADO
Un pase de vueltas




Una pequeña masa de bárbaros se reúne, arremolina, en la puerta de ingreso a la Concha Acústica del Parque Salazar de Miraflores. Ante la mirada vigilante de unos mozalbetes rubicundos, armados de palos, extraen de sus bolsillos los billetes que les permitirán el ingreso al Súper Concierto Ave Rok que organiza la revista rockera del mismo nombre. Adentro se escuchan estridencias de guitarras eléctricas en agresivos punteos. Al trasponer la reja de hierro, otro jovencito catea a los que van ingresando. Ni botellas de trago ni objetos pesados pueden ingresar al concierto. Adentro la visión es de locura: en medio de luces fantasmagóricas y humo de colores, sobresalen tres muchachos: uno con una guitarra eléctrica, otro en el micrófono y atrás está el tercero, frenético con su batería. Es el grupo rockero “NARCOSIS”.
“Hay sucios verdes… que actúan por conveniencia… que defiende la decadencia… a los gobiernos y a los políticos de turno… ¡Sucios! ¡Sucios! ¡Sucios policías!”.
Con inusitada violencia, Wicho, el cantante de “Narcosis” canta el tema “Sucio Policía” y señala con el dedo hacia donde están las fuerzas del orden, en la cima del malecón, y sigue gritando fortísimo: “¡Sucios policías!. El sonido que se consigue, en base a sólo dos instrumentos, es muy aceptable para la línea de rock. “Son ruidos armónicos”, sentencia un rockero más bien intelectual, tronando los dedos y aspirando un cigarrillo medio sospechoso.
        La gente –nadie mayor de 20 años– delira con “Narcosis” y se dedica a gritarle de todo. “¡Mueran, mierdas!” ruge un mozalbete de unos 13 años, y todos sus amigos se retuercen de la risa. En el suelo hay evidencias de alegrías espirituosas: el vacío envase de vidrio de una “chata” de ron. “¡Muérete tú primero, concha de tu…!” exclama con desprejuicio Wicho desde el micrófono. Más chacota. Los muchachos de alrededores, normal nomás, como si estuviesen acostumbrados a tan peculiares relaciones públicas. Un sonido fenomenal y cesa el ruido. Aplausos.
        Ahora –anuncian desde el micrófono– un supertema de Sex Pistols (¿?): “Quiero ser tu perro”. Y se arrancan sin dilación: “Ahora quiero ser tu esclavo y hacerte daño… Ahora quiero ser tu perro… Quiero estar a tu lado…” y los muchachos enloquecen en el público. Una fría brisa marina refresca esta noche medio turbulenta. Los que estaban repartiendo mentadas de madre desde la platea, prosiguen en su afán, con grandes alaridos que se deben oír hasta arriba, por la pista donde circulan carros y microbuses a Lima. Decenas de jovencitos miran desde los altos, al haberles faltado dinero para el boleto de ingreso.
        Nadie se ha dado cuenta cómo, pero el rock filo-punk en español de “Narcosis” cambió de tema, pero no de línea. “Destroza las cadenas que te atan… mata al presidente y a todos sus ministros… levántate y sal de esta maldita marginación… destroza las iglesias y a sus sucios sacerdotes… destroza al terrorismo y su sucia agresión…”. Entre el humo y las luces (¿psicodélicas?) se nota una lluvia media extraña sobre el escenario: alguien, en el máximo de su inventiva para la gracia limeña, está arrojando botellas vacías de ron al escenario. “Narcosis” no se queda: devuelven las botellas con idéntica alegría. Aplausos para el rock de “Narcosis”.
        La virulencia de esta generación rockera no es nada nueva bajo el sol. A fines de los 60 se cuenta que Jim Morrison en un concierto de rock en Inglaterra, en el célebre grupo The Doors, se bajó los pantalones y empezó a masturbarse ante el público. En Woodstock, Ten Years After rompió sus guitarras eléctricas y las arrojó al público. En una onda nacional, por los mismos años, Pablo Luna de Los Yorks, se contoneaba espasmódicamente y rompió también algunos micrófonos. Pero hay que reconocer que la virulencia en este caso se ha triplicado por lo menos.
        Como fantasmagorías en el centro de la noche, surgen los chicos, algo mayorcitos, de “Del pueblo”, rockeros que hacen una fusión de rock con música nacional, pues usan quenas, zampoñas y charangos. Comienzan haciéndola larga. Inquietud entre los adolescentes marabuntas que están pifiando y mentando la madre de lo lindo. Los de “Del pueblo”, impávidos, como si con ellos no fuera la cosa, afinan sus instrumentos. Más gritos y mentadas de madre. Nada pasa. Cuando ya llevaban cerca de quince minutos en este plan y empezaba la variopinta lluvia de objetos contundentes sobre los músicos, arrancan con un tema.
        “Yo no quiero estudiar… yo no quiero trabajar… dame cinco lucas que estoy deprimido… y me fumo un tronchito… ” cantan en medio de la algarabía general. Mientras, uno de los integrantes del grupo se pasa cargando un inmenso “troncho” y otro llega atrás arrojando algo (¿qué será?) al público. Gran vacilón entre la audiencia. Terminando el primer tema en medio de gritos y susurros-, “Del pueblo” se arranca con la segunda de la noche. “Ven a mí, ven a mí, perdición… venganza, odio, codicia, violación, lujuria, gula, pereza…” y cuando se le acaban los vicios irrumpen, frenéticos: “¡Lucifer! ¡Lucifer!”. Toda una misa negra en rock.
        Como todo está en aumento –la tensión eléctrica recorre a los chicos– acaban con el número máximo: “La lucha armada atacando ya, la lucha armada del campo a la ciudad…” en una suerte de descripción de los apagones con bombazos y derribamiento de torres a los que nos vamos acostumbrando en la capital, pero sin el menor ánimo de ser apologéticos. Adelante, cerca al proscenio, hay algunas grescas. “Esto no es nada –nos informa un asiduo concurrente a los conciertos de rock–, en otros la cosa es peor”. Cada cinco minutos un grupo de los organizadores trata de bajar a quienes se quieren subir a mostrar sus ánimos sobre los músicos. Los mismos rockeros patean las botellas que ya están cayendo sobre ellos.
        El próximo grupo es el de Miki González. En sus temas, más limpios en el sonido, pero con parecida violencia verbal, cantan la falta de dinero de la gente, las redadas luego de los apagones, todo lo que está sucediendo a la ciudad en estos meses (Los milicos se reúnen, los terrucos también…”) haciendo notar que la violencia callejera ha quedado impregnada en el sentimiento de estos chicos. Hay dos morenos que tocan percusión en el grupo y que son crecientemente hostigados por el público. Hasta que algo cae a uno de ellos y se marcha. Miki grita por el micrófono: “Bueno, ya se fue el negro de mierda ¿van a estar tranquilos? Dejen de joder”. Hay risas y el concierto prosigue.
        Miki González tiene un tema que suena en la radio. Ese es el que exigen el respetable (¿?). Y lo instrumentan: “Soy como el patita de la televisión, que con dos chicas y con tanta propaganda voy a enloquecer…”. Se arma el despelote. Hay muchachos en la platea que están trepados unos encima de otros. Más allá otro se ha quitado la camisa y pasea dando alaridos. Un humo medio acre se respira en la concurrencia; alguien está fumándose un “tronchito”. Risas, gritos, palmas, de todo se oye esta noche como fondo a las canciones.
        Cuando aparece “TV Color” la gente aplaude más de lo normal. “Ya vienen estos pesados” comenta un rockero duro, sin concesiones. Sube Danai, la vocalista, con atuendos punk. “¿Cómo se llama la vieja?” quiere saber un insolente de 14 años más o menos. Danai no debe llegar a los 30 años, y si pensamos que John Lennon era un cuarentón cuando murió, esto es francamente un exabrupto. Pero igual “TV Color” canta y toca. Con un sonido más elaborado (hay un saxo que es verdaderamente bueno) se lanzan con temas de largas partes instrumentadas.
        De mayor edad que el resto de músicos, los de “TV Color” frisan los 30 años. El ‘Chino’ Chávez, director musical del grupo, es rockero antiguo. Pero sacan sus aplausos hasta el último tema. “Los rockeros somos bacanes” exclama Danai sin mucha convicción. Se escuchan unos chiflidos. Total, que concluyen con sus temas, menos explosivos en la letra si es que tomamos el referente de los otros grupos. Pequeñas bandas de adolescentes deambulan medio ebrios.
        Cuando las luces se apagan, la masa se va hacia arriba, al malecón. Gritan y suben las gradas a trancos. Por entre ellos están algunos de los músicos que no han sido invitados al concierto de esta noche: Leuzemia, Guerrilla Urbana, Zcuela Cerrada. “Oye loco –le dice un muchachito a otro–, ¿tienes diez lucas para seguir chupando? y se marchan abrazados. El rock, éste por lo menos, ha dejado de ser el emblema de paz, amor y música de Woodstock para convertirse en una subversión de los valores que, aunque desatados por la moda punk, algo de historia nacional presente acarrea.





“Punks” en collera



El rock peruano, aquel gran olvidado en los medios de difusión limeños tiene, contra lo que muchos siempre hemos tratado de evitar, varias tendencias, alejándose más unas de otras; esto es indudable. Hoy toca hablar de aquella que se autodenomina “rock subterráneo limeño” y la que, basándose en el “Combat-rock” (rock combativo), irrumpe nuestros oídos y nuestra atención últimamente. El viernes pasado presenciamos el “Súper-concierto” (como lo anunciaron los organizadores) de AveRock Producciones. Desde que ingresamos al local, notamos lo que sospechábamos con anterioridad. La Concha Acústica de Miraflores era un pandemónium y los presentes estaban entre anonadados por la energía de NARCOSIS y sorprendidos por los improperios subidos de tono de su cantante: “los que nos gobiernan, sean de derecha o de izquierda, siempre serán la misma mierda”.
        “Como muestra un botón”, reza el dicho, y de todo lo sucedido esa noche pueden partir las premisas y las preguntas, aquellas que nos formulamos cuando pensamos diariamente en nuestro rock.
        Existen varios grupos (por no decir muchísimos) que se identifican con este vapuleado “rock subterráneo”. Si bien los precursores de este movimiento en Lima fueron Los Saicos, hace una buena cantidad de años, este movimiento recién se ha ampliado considerablemente desde el año pasado con la inundación de las paredes limeñas del nombre del cuarteto Leuzemia.
        De un año a esta parte, han surgido nuevos nombres, todos con la queja desde el saludo, al presentar sus nombres: Guerrilla Urbana, Anti-Tucos, Zcuela Cerrada, Sarita Colonia y Los Desgraciados, Fosa Común, Flagelo, Los Excomulgados y los mismos Leuzemia y Narcosis, entre muchos otros; también nuevos conciertos, todos con buena cantidad de público como el sucedido el 17 de febrero llamado “Rock en Río Rímac” que inundó la esquina de Tarapacá y Guardia Republicana; y, a propósito de guardias, que culminó cuando Narcosis cantaba su tema “Sucio Policía” y uno de los aludidos disparó un tiro al aire. Se puso peligrosa la cosa.
        Los asistentes a estos conciertos se identifican plenamente con los intérpretes, aunque el viernes pasado recriminaron totalmente a “Del Pueblo”, conjunto que realiza un trabajo tal vez más ambicioso que los demás al presentar una ópera rock (que no creo que sea lo que presentaron esa noche) y que se mueve en otra “onda” musical al realizar ¿rock andino tal vez? Puede ser, pero lo que sí está en la misma onda literaria: se encuentran los insultos, las quejas al sistema, las burlas y el sarcasmo por doquier.
        ¿Por qué entonces el rechazo? Suponemos que debe ser a su música, lo cierto es que “Del Pueblo” está preparando su última ópera que se llamará “Los cinco quetes” y una gira al Cusco, Arequipa y Puno.
        Hay otras preguntas flotando en el ambiente ¿Todos estos grupos se consideran como parte del rock peruano? Parece que sí, aunque la influencia del grupo “punk” inglés “The Clash” en Narcosis es evidente, por ejemplo; estos grupos rechazan totalmente todo lo que venga de afuera. Bueno, las incongruencias están en todas partes.
        ¿No sería bueno unir fuerzas con los grupos que no están en su misma “onda social” (como ellos dicen), para sacar adelante la cosa? ¿No sería bueno sacar la cara todos juntos por el rock peruano, o es que ellos utilizan al rock para decir lo que piensan, olvidándose por completo del aspecto musical?
        Los indicados para responder a todo esto son ellos mismos, aunque lo cierto es que todos los que no están muy identificados plenamente con el rock peruano, piensan que ellos son parte del movimiento rockero nacional. Claro, es la imagen que brota de ellos mismos, lo quieran o no.
        La sociedad tercermundista, aquella que nos agobia día tras día, genera todo este tipo de manifestaciones culturales, las cuales se fortalecen con el correr del tiempo y con la cada vez más larga espera de la solución al hambre, al terrorismo, a la corrupción y al desorden social.
        Hay una premisa importantísima: ellos no tienen definida su línea política a seguir, sino remítanse párrafos arriba y lean parte de la letra de una canción de Narcosis. No le encuentra solución al problema, están totalmente desilusionados de la realidad social y política del país y se encuentran (por lo menos, así lo aparentan), totalmente en contra de todo aquel que no tenga sus mismas ideas.
        ¿Cuáles son sus metas, sus alcances, y dónde están sus raíces? Por lo menos las últimas, parece que en los grupos punks ingleses que surgieron a mediados del ’78 y que dejaron una estela muy numerosa en distintas partes del mundo.
        Lo más importante de todo esto radica en que ellos defienden sus ideas a “capa y espada” (textualmente), esas ideas que hacen que el hombre se realice plenamente al encontrar su verdad y al descubrir que el trabajo efectuado para encontrar eco a sus pensamientos no fue en vano.
        ¿Lo estarán haciendo en la forma correcta? Sólo el tiempo lo dirá.







 


Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA




FUENTE: El rock achorado. Un pase de vueltas. Crónica de Enrique Sánchez Hernani. (21 de junio de 1985). VSD, suplemento del diario La República, pp. 6-8.



21 de febrero de 2019

ROCK SUBTERRÁNEO... reflejos de la nada (1990)



La revista Esquina en su edición doble (9 - 10) publicó un discutible artículo de opinión sobre la escena conocida como rock subterráneo”, donde lo musical había pasado a segundo plano y se había convertido en lugar donde se infiltraron personas ajenas al rock. La crítica iba también dirigida hacia los integrantes de las bandas que, apelando a la intransigencia, no asumieron la responsabilidad que implicaba estar frente a un público que los seguía, ni de sus actos. Sea por el discurso desgastado, la desidia, o el simple aburrimiento; mucho antes de escribirse esta crítica varios grupos ya no se consideraban subterráneos”, no se identificaban con la etiqueta. Ya no formaban parte de eso”. Los autores del texto son Nicolás Morales (guitarrista de Eutanasia), Mario Mendoza (ex bajista de Eutanasia) y Gustavo Ruiz (baterista de Kaos).





EUTANASIA
Foto: Nicolás Morales

TBC

VOZ PROPIA

Fotos: Roc Magnon





ROCK SUBTERRÁNEO… reflejos de la nada


Casi sin percatarnos de su llegada y como por sorpresa, los 90 dieron fin a aquellos cinco o seis años de este “nuevo rock” acarreando de paso, una inevitable interrogante: ¿Qué m… conseguimos en todos estos años?
       Con seguridad podemos afirmar que sólo fue ver y sentir que el proyecto de un movimiento musical “alternativo”, “diferente”, se diluía tras cada iniciativa, luego de cada polémica o finalizado cualquier concierto.
       No se concretó ninguna propuesta valedera, no se alcanzó la solidez necesaria. Y quizás nosotros mismos fuimos nuestros verdugos. Permitimos que la movida se rodee de arribistas, intelectualoides, “lidercillos” y aprovechadores que la utilizaron tratando de aliviar frustraciones generadas en fuentes extrañas al rock subterráneo (de algún modo hay que llamarlo aunque no te guste la etiqueta).
Gente como aquella ejerció, directa o indirectamente, una abierta y perjudicial manipulación de otros jóvenes que pretendía renovar definitivamente su intimidad. Muchos no aparecieron más, abrumados por la confusión, el aburrimiento y la decepción, originados en aquel laberinto de necias disputas, desorden inútil y desorganización. Nadie fue capaz de ayudar a asentarlos, a plasmar sus buenas ideas: todo era criticarse el uno al otro, sin poder justificar válidamente ni siquiera dicha crítica, ellos eran los juzgadores del apocalipsis. Así, el movimiento nació y creció resquebrajado, dividido y elitizado.
       A pesar de esta lamentable realidad, subsiste la estúpida intención de ciertos bobos de uniformizar ideológicamente a los demás, politizándola bajo una especie de partido o alguna aberración semejante; hasta hoy no reparan en que, el que desee imponer sus ideas a otro, lavándole el cerebro, debe largarse a manipular a otro tipo de gente.
       Estos fueron los que aprovechando cierta imagen lograban que algunos se transformaran en carneros o monitos, imitándoles su vestimenta, forma de hablar, caminar, cantar… pensar. Todos esos pseudo líderes vencidos por su cobardía e inseguridad, y aferrándose a sus ansias de dominación, jamás se atrevieron simplemente a mostrarles, a los que recién llegaban a la movida, que eso y esto significaba aquello: interprétalo, analízalo y escoge.
       Incluso abusaron de la sutileza y astucia para manipular.
       A su vez, muchos se tildaron de radicales, marginales… o punks. Debías ser malo, violento para ser un buen “punk”; si tenías demasiados billetes en el bolsillo o vivías en determinado barrio eras burgués, un “pitupunk”. Pobrecillos… pero, ¿quiénes de los que afirmaban eso y se dedicaban a dividir una inestable escena eran verdaderamente marginales? ¿Cuántos de ellos viven en asentamientos humanos, sufren de hambre o frío? Ninguno, pues de ser así no se hubieran preocupado por formar un grupo, integrar un movimiento o grabar una maqueta, su único interés hubiera sido buscar qué comer cada día. Esa gente, la realmente marginada, forma parte de otro mundo, de un mundo ignorado en la práctica.
       Todos esos “radicales” sólo fueron una sarta de babositos que creían que demostrar su resentimiento, a su manera, iban a transformar al sistema.
       De otro lado también estuvieron aquellos que transcurrían en un ambiente impregnado de la más absoluta indiferencia ante lo que ocurría a su alrededor: eran unos niñitos “bien”, los que se preocupan de ir a los conciertos como diversión de fin de semana o alguna discoteca banal. Ellos eran los que estaban desesperados por el “vacilón”, por sus colecciones de discos, polos y casetes.
Algunos los denominaron, como ya referimos, “pitupunks”, y junto a la “otra mancha”, se trabaron en una ruptura irreconciliable que provocó más de una estupidez. Unos y otros son criticables.
       No interesa que alguien sea de una u otra clase social. Que vivas en San isidro o Comas, o que seas cholo, negro, chino, gringo o mestizo. Lo válido era y es tu propuesta planteada con inteligencia y sin limitaciones, sin caer en lo absurdo o pueril. Si ofreces algo que trasciende lo musical (tu grupo puede ser bueno… y qué) pues bacán. Asimismo, es preciso que cuando suban al escenario no lo usen para azuzar o enfrentar a la gente, inclusive, atribuyéndose un liderato absoluto se toman el atrevimiento de pretender sentenciarla “a muerte” solo porque a ellos así les parece.
       Sin embargo, parte de lo expresado, no implica un desconocimiento a la necesidad de lograr un trabajo musical aceptable. No es imperioso ser virtuoso para ser efectivos y contundentes ante quienes te escuchen. Solo saber que, en este caso, el mensaje entra por los ojos y oídos y si se descuida este aspecto cualquier proposición se perderá en el ruido.
       En estos años, tampoco hubo preocupación por plasmar variantes en la temática, la mayoría de grupos basaban su labor lírica en la cuestión política –generalmente puro cliché– o personal, dejaron a un lado a la gente de la calle, al submundo compuesto por putas, vagos, mendigos y travestis. Lamentablemente, olvidamos este entorno.
       ¿Se imaginan, por ejemplo, qué hubiera sucedido si aparecía por ahí alguna banda compuesta por gays o sólo por chicas? Nuestro sexismo, el machismo, nos dan la respuesta.
       Así, ¿Cuál es la verdadera ruptura musical e ideológica del rock subterráneo? ¿Acaso lo es simplemente el hecho de mentar la madre a diestra y siniestra, romper lunas y baños en los conciertos, tocar más fuerte y rápido, incentivar corrientes anarco-comunistas y hasta anarco-católicas? ¿O vestirse como un verídico “punk”, “hardcoreano” y “oscuro”?
       No se pudo romper con nada ya que, con complacencia de un lado, e imposición del otro, aunado a las divisiones, cinismo y otras cosas por el estilo, la caminata hacia un objetivo se hacía con pies de barro.
       Gran culpa es atribuirle a los mismos grupos, sobre todo aquellos que, en determinado momento, representaron une etapa importante dentro de la escena subterránea. ¿Qué pasó con esas bandas que al final solo combinaron desidia, indiferencia, altanería, ansias de liderazgo?
       Dejemos a un lado a grupos como Leusemia, Narcosis o Guerrilla Urbana pues estos plasmaron por si solos su mensaje al ser los iniciadores del movimiento. La responsabilidad –si así la podemos llamar – recayó en grupos como Voz Propia, Kaos, G-3, Eutanasia, etc., a los cuales la gente consideraba, ya sea por sus letras, música, propuesta o impacto en el escenario.
Se desperdició o mal usó ese inmenso poder convocatorio que se desprende de un micrófono, poder peligroso con el cual se logró únicamente mayor desazón. El silencio o la torpeza para dirigirse al público fueron los símbolos del “micro”.
Como resultado de todos estos “fenómenos”, tampoco se pudo sostener una producción  constante de maquetas, fanzines o cualquier otro signo de perseverancia; la organización de conciertos se hizo cada vez más difícil. Aparte de la crisis económica, siempre estuvieron los que se dedicaban a destruir equipos, locales, etc. Poco a poco los lugares para tocar se fueron cerrando. Era increíble ver que la misma gente que quería un concierto propiciaba la limitación de ellos con sus actitudes.
       Esto deriva en dos cosas: que no es inaceptable que un grupo pueda “comercializarse”, llegando a mayor cantidad de público, editando un disco o escuchándose por la radio, siempre que no se someta, no se humille para alcanzar aquello. Todo el valor de su trabajo se perdería cambiando letras, música y propuesta. Si quieren hacer eso que dejen este circuito y que se prostituyan como lo hacen los grupos sosos.
       Lo segundo es la responsabilidad que debe tener quien asiste a un concierto. ¿Emborrachándose y drogándose para ir a joder? De ellos depende que la madurez alcance a los que apenas conocen la movida. Asimismo, deberían procurar no llenar las arcas de los mercantilistas de la música, sea de aquellos que te explotan vendiéndote un casete, o de los “organizadores” de conciertos. Todos nos conocemos y sabemos quién es quién.
       Bien, como tantos otros artículos, este será uno más. Pasará por tu cabeza, sin retener lo que quisimos decir, pero nos dimos el gusto de decirte algo.


Gustavo, Niko, Mario.



FUENTE: Gustavo Ruiz, Nicolás Morales y Mario Mendoza (1990). Rock subterráneo… reflejos de la nada. En: Esquina (9 – 10), pp. 42 – 43.

17 de febrero de 2019

RÍMAC, 17 DE FEBRERO (ALTERNATIVA, 1985)








Un domingo como hoy, hace 34 años, el municipio del Rímac organizó un concierto en plena calle llamado ROCK EN RÍO RÍMAC que el tiempo y las historias creadas por el público que la vivió le dio el caracter de mito urbano, alimentado por la represiva forma en que acabó. Ese fue el colofón de la gradual agitación que concitó en el público de esos lares y demás visitantes la música estridente de los rockeros subterráneos.

A la ya conocida crónica escrita por Óscar Malca meses después en La República, presentamos la escrita por Pedro Cornejo (usando el seudónimo de Pedro Solano), publicada en el segundo número del fanzine ALTERNATIVA.  Ese día fue el debut de su grupo Guerrilla Urbana.





ROCK EN RÍO RÍMAC
En primer plano Leo Escoria, bajista del grupo Leusemia
Fotografía: Renee Vargas







Rímac, 17 de febrero


    ¿Aló, cuñau? Hola, oye, mañana hay concierto en el Rímac.
     ¿Cómo es?
     Va a haber de todo, pero han invitado a Leusemia y Kola Rock y la huevada es que en el espacio de ellos toquen también Zcuela CerradaGuerrilla Urbana y Narcosis.
      Buena voz, y ¿a qué hora es la huevada?
     Hay que estar ahí a eso de las siete de la noche, pero la nota es encontrarnos con la gente en el Orrantia, ir juntos a casa de Montañez y de ahí salir para el concierto.
      Ya. Nos encontramos entonces a las cinco y media en el Orrantia.
      Sale. Nos vemos ahí.


….



Cine Orrantia. Cinco y cuarto. Llegó Pedro, Susi y José. En la puerta del cine: Cachorro, Pelo Parado, Silvio, Wicho, Leo, un pata de Silvio. “¿Falta alguien?”. “No, ya estamos todos. Vamos, hay que tomar el Naranjal”. Hace sol y recordamos que estamos en carnavales. Pensamos: uy, la cagada, el Rímac debe ser una mojadera de los cojones. Ahí viene el micro. Trepamos. Nos apoderamos del centro del micro. Conversaciones. Rememorando el concierto del viernes en el No Helden. De repente el primer globo nos recuerda el carnaval. Sin novedad. Una ventana está rota. Otra no existe. Puerta abierta para el agua. Nos acercamos a lima. Puente Santa Rosa. Rímac. Una mancha de gente al borde de la pista en actitud de ansiosa espera. Inminente chaparrón. Viene. Todos mojados. Otro baldazo. José y Susi totalmente mojados. Francisco Pizarro. Bajamos a tropezones. Ya abajo: “vamos a casa de Montañez”. “¿Estás huevón? Mira las calles, están llenas de gente con baldes”. Y con pintura. “Vamos de frente al concierto y ahí esperamos”. De frente por Tarapacá. Allá vamos. Globos que, espaciadamente, siguen cayendo. Llegamos.

     En el estrado levantado en plena calle ya están los equipos e instrumentos. Solo falta la batería. Por ahí vemos al compadre que le pasó la voz a Daniel y a Kilowatt. Leo le propone par que toquen Zcuela, Guerrilla y Narcosis. El pata se niega rotundamente. La cagada. Cachorro lega con cuatro chelas. Empezamos a chupar al pie del estrado. Siete de la noche. “¿Qué hacemos? ¿Nos quitamos o esperamos?”
“Hay que esperar que llegue Montañez para que hable con el pata”. Tensa espera apaciguada por el frescor de la cerveza. Llegan Daniel, Kimba, Edwin y otros patas. Les contamos. “Ni cagando”. Nuevas conversaciones con el mismo resultado. Llega Montañez. Y llegan también oleadas de gente. Cientos y cientos de rimenses empiezan a apoderarse de la doble vía. Ocho de la noche. No llegan los grupos que debían iniciar el concierto. Ya está ahí la batería. Y el público sigue incrementándose. Medio millar, un millar. Las circunstancias obligan: el mismo pata que se había negado pide los nombres de nuestros grupos. “Ya, que arranque Zcuela Cerrada”. Buena voz. Edwin y compañía suben al escenario. Acomodan el sonido. Parece que comienza.
El anunciador indica: ROCK EN RÍO RÍMAC. Risas. “Con ustedes, Zcuela Cerrada”. Nos arremolinamos a un costado de la pista, muy cerca del escenario. El sonido duro y directo de la banda llena el ambiente ya nocturno. “Ansias de loco burdel ¿qué se desata?... Mierda que asoma su hez, ¿a quién desangran? ¿Así lo tengo todo que hacer? ¿Así lo tengo todo que hacer?” (Loco burdel). La voz de Edwin, potente y densa, hace sentir la desesperación inherente a esa pregunta que nos hacemos todos.
La respuesta del público no se hace esperar. Iniciamos un pogo –baile a empujones– que sorprende al público ahí presente. No falta un viejo al que le molesta esa vibración. Pide explicaciones. Nadie se las da. Zcuela sigue tocando: Conoces lo que te gusta y En medio de todo. El público, desacostumbrado a este tipo de música excesivamente cruda, queda perplejo. Pero la música los ha tocado y la vibración en cualquier momento puede desatarse.
     Después de Zcuela suben otras bandas cuyo nombre no recuerdo, probablemente por la indiferencia de su música. Los tragos corren de un lado para otro sin parar. Alguien dice: “GUERRILLA URBANA toca cuarto”. Pedro, José, Leo y Kimba se aproximan al escenario. Ensayos previos en silencio. Debut. Algunos nervios en José y Pedro. Los organizadores anuncian: “No hay connotación política alguna en este grupo”. La policía ya está ahí. El público espera. La banda sube. Nuevamente nos arremolinamos. Comienza la música. Tremendamente fuerte y agresiva, y rápida, muy rápida. Leo y Kimba marcan la base rítmica. La guitarra arremete con una violencia que no cesa. Y la voz ronca del vocalista que vocifera: “Tú solo dices mentiras, eres la falsedad, eres una mierda, yo solo quiero verdad. Eres solo una pose” (Eres una pose). La música y la letra, muy simple y directa, ejerce un impacto favorable en el público. El pogo ya no es solo jugado por nosotros: el grueso del público se suma a él. La gente se ha puesto en movimiento y la vibración latente ha explotado definitivamente. Un ambiente de intensidad se apodera de la noche. La noche de una ciudad muerta pero que vive un tiempo de excitación. “Vivo en una ciudad muerta, vivo en una ciudad muerta” vocifera el cantante de la banda en el segundo tema tocado, apoyado por una demoledora guitarra que aún con errores deja bien establecida su fuerza, más aún por el apoyo, incesante, compacto y preciso del bajo y la batería. La gente sigue en efervescencia. La cosa está saliendo mejor de que lo pensaban los Guerrilla. Y todavía hay espacio para un tercer tema: Quiero Anarkía, con el cual se cierra una actuación resueltamente desencadenante. El final llega con muchos aplausos. Un debut bastante bueno.
     El público se ha disparado y ya no parece necesitar de ningún incentivo para continuar así. Los siguientes grupos son más o menos aburridos, cantan en inglés o en castellano, pero el público igual está ya lanzado. El pogo persiste incrementando cada vez más su dosis de violencia y energía. Cuando LEUZEMIA sube al escenario, solo tiene que mostrar su revulsivo sonido para que la trifulca llegue a sus más altos niveles. Y Daniel la enciende así: “Y ahora a patearse todos la cara”. La música comienza y el pogo también. Al compás de las rítmicas detonaciones de la banda, la gente siguen expandiendo su energía y agresividad as lo largo de la pista. Nada, ni las exhortaciones de los organizadores, puede detener este vendaval humano que, al ritmo de la música, se ha generado. Los temas de Leuzemia se suceden sin parar y el chongo también. Por momentos pareciera que se van a armar broncas por todos lados. Pero la cosa se mantiene en un nivel de juego y de vacilón notables.
Pero algo tenía que venir a malograr una noche que hasta ese momento era brillante. Alguien dice por ahí: “Óscar se ha roto la pierna”. En el fragor del pogo, una mala caída, un pendejo pisotón quizá y la cagada. Guillermo se lleva a Óscar a algún hospital. La preocupación se troca en tensión. Leuzemia termina de tocar pero el ambiente está a punto de explotar en algo peor. No se sabe en qué. La energía positiva empieza a volverse negativa. Suben otros grupos, entre ellos Del Pueblo. La música ya no tiene mucha fuerza, pero la tensión crece y la hora avanza: once de la noche. La actuación de NARCOSIS se retrasa por un motivo u otro. Cachorro ultratenso por lo de Óscar.



NARCOSIS, los protagonistas de la noche
Foto: Archivo de La República


Óscar Malca, el accidentado de la jornada
Foto: Renee Vargas


Cuando termina Del Pueblo por fin sube Narcosis. El pogo continúa y el público sigue enfervorizado. Quiere más intensidad. Y la música de la banda se la da de lleno. Hemicirco y Represión con un sonido ya deteriorado, sin embargo, aumentan la agitación y el revuelo. Nadie sabe ya en qué puede acabar esto. Pero la participación y entrega del público ha sido memorable. Tanto que Wicho cree que es buen momento para inundar la noche con el tema más provocador y explosivo de la banda: SUCIO POLICÍA. La gente reacciona violentamente: los coros son vitoreados por el público: “Sucio policía verde, actúas por conveniencia, defiendes la decadencia, te vendes por dinero, eres más sucio que un perro” (Sucio policía). Pero esto ya era ir demasiado lejos en la provocación, más aún cuando los policías se hallaban en las inmediaciones. Cuando la canción ya había pasado más de la mitad, algunos movimientos indican desconcierto. De pronto la policía irrumpe por detrás del estrado y toma el escenario. Otra vez, Narcosis es interrumpido. Pero ahora la cosa es más seria. Wicho, Cahorro y Pelo Parado se escabullen. Nosotros los esperamos. Repentinamente se oyen dos disparos al aire. El desconcierto y el temor crecen de golpe. A correr. José, Susi, los Narcosis, Edwin, Pedro, Silvio, etc. emprenden la huída por una calle adyacente. No hay tiempo para preguntas o dudas. Hay que alcanzar una calle donde se pueda obtener movilidad. Nos cruzamos con gente que se retiraba del concierto. Comentarios contradictorios. Alcanzamos Francisco Pizarro. Los ojos atentos hacia todos lados. Ya estamos cerca del límite del distrito. Edwin indica “Hasta aquí nomás pueden ir los tombos”. La tranquilidad empieza a volver aunque los nervios persisten en muchos casos. “La 73 ahí viene”. Subimos todos. Por fin. “La represión se ha desenmascarado”. “Qué tal roche”. El micro surca las avenidas del centro, luego Lince. La noche se va despidiendo dejando en todos la sensación de haber vivido una experiencia inolvidable”.


PEDRO SOLANO





FUENTE: Solano, Pedro (1985). Rímac, 17 de febrero. En: Alternativa (2), pp. 13-14.



26 de enero de 2019

VOZ PROPIA. CD RECOPILATORIO (Newsica NYC, 1997)







CLIC EN PORTADA




El primer álbum compilatorio oficial del grupo Voz Propia fue editado en disco compacto en 1997 y presentaba una selección de canciones de los cuatro álbumes publicados en su primera década de existencia. El grupo volvió a grabar las canciones que habían sido editadas en maquetas, ahora con un sonido y producción de nivel profesional.

#7, maqueta “El ingreso” (1986)
#6, maqueta “No puedo irme” (1987)
#5, #13, #14, casete “El sueño” (1990)
#10, #4, #8, #9, #10, #11, #12, #16, casete “Los días y las sombras” (1996)
#1, “El ancho río” (1997, único tema nuevo editado en el disco)
#15, “Demolición”, versión del grupo Los Saicos.


VOZ PROPIA
Miguel Ángel Vidal: voz y guitarra
Ulises Quiroz: percusión y coro
Carlos Magan: bajo
Raúl Montañez: guitarra
Marcel Velaochaga: teclado


El disco fue grabado y mezclado en el estudio “El Techo” y masterizado en Nueva York, publicándose bajo el sello Newsica NYC. 


21 de enero de 2019

MIKI GONZALEZ: ¡TIROS EN TOCACHE! (VSD, 1987)




El clásico “Vamos a Tocache” pegó fuerte en la programación radial limeña de 1987, como anticipo a la salida del segundo elepé de Miki González, el álbum “Tantas veces” (CBS), publicado a fines de aquel año.  

El disco estuvo muy influenciado por el post punk anglosajón y el new wave americano. Como anécdota, el tema “Primavera especial” (muy parecido, por decir lo menos, al tema “Just one kiss” de The Cure) fue cantado tal como lo hacía el cantante de Voz Propia. 








¡Tiros en Tocache!

Miki Gonzalez, 36 años, nacido en España y peruano desde los 9 años, el hombre que se desilusionó del rock porque descubrió que Eric Clapton copió nota por nota un tema del músico negro Albert King. Está sonando fuerte en las radios con una canción de sugerente título: “Vamos a Tocache”, paradójicamente, es un rock.

¿Por qué el regreso, Miki? ¿Es cierto que Devo te impresionó en San Francisco en el 81 y allí te volviste nuevamente rockero?
       Suave hermano, eres mosca, te la sabes todas, serás de la CIA, pues. Bueno, mira, cuando yo me encontraba haciendo música negra y jazz, después de dejar “Los Chonducos”, me di cuenta que mi público se limitaba a las peñas en Barranco y a la gente exquisita y yo quería llegar a más público, a la gente de la radio y allí me dije, sólo con el rock puedo llegar. El problema fue que yo no sabía qué le gustaba a la gente rockera.

¿Será por eso que tu primer LP “Puedes ser tú”, aparte de un par de temas medio rockeados, metiste chicha, panalivio, y qué más?
       Lo de la chicha fue para joder a toda esa gente intelectual que por ese tiempo se llenaba la boca hablando de chicha y hasta decía que lo que yo hacía también lo era. Claro que cuando Chapulín oyó el disco se cagó de risa, imagínate una chicha con batería eléctrica.

Pero, Miki, eso ya es historia vieja. Te veo con otro look, hasta dicen que estás en una onda dark, medio oscura y te jalaste a dos músicos como Wicho y Pelo Parado, ex “NARCOSIS”.
       No niego las influencias de la música post punk, Cure o New Order: eso se refleja en mi nuevo LP “Tantas veces” en donde interpreto un tema titulado “Primavera especial”, que es un tema dark y que incluso, como no me daba la voz, le doy un tono bajo y me ha salido la misma voz de Miguel Ángel, cantante de Voz Propia. Ese es el único tema digamos político del LP. Ahí yo hablo de cómo las ciudades se tiñen de verde por la creciente declaración del estado de emergencia. Sobre los nuevos músicos, te digo que siempre me gustó “Narcosis”. La primera vez que toqué en un concierto de rock en Miraflores, ellos también participaron y me quedé impresionado con la voz de Wicho. Ahora lo tengo aquí en mi banda. La idea era que tocara guitarra pero como no sabía tocarla y como el teclado era lo que más le vacilaba lo dejé en los teclados. Es casi un genio.

FUENTE: Patiño, Víctor. ¡Tiros en Tocache! (13 de noviembre de 1987). En: VSD, p. 16.




ÉXODO: MUCHO MÁS QUE SUBTERRÁNEOS (CAMBIO, 1987)





ÉXODO


Entrevista a la banda de rock Éxodo, liderada por César N, en el diario Cambio. Según la nota periodística, el grupo participó en el Primer Concurso de Rock no Profesional pero se retiró por haber firmado un contrato con la disquera El Virrey para producir y editar su material, hecho que lamentablemente no se concretó. Tras el fin de Éxodo, César formaría la banda Combustible, siempre dentro del rockabilly, el hard rock y blues que eran la principal influencia de su música.









ÉXODO:
MUCHO MÁS QUE SUBTERRÁNEOS

El grupo nacional Éxodo se consagró definitivamente al pasar a las semifinales del “Primer Concurso de rock no profesional”, pero lamentablemente dejarán de ser serios animadores de este festival, único en su género, ya que acaban de firmar contrato con discos El Virrey, para lanzar de un momento a otro su primer 45 r.p.m., con temas de su inspiración.
Haciendo un poco de historia, Éxodo se creó alrededor de noviembre de 1984, según sus integrantes “por la necesidad de encontrar un escape a las tensiones de la época”, hallando en el rock el refugio que necesitaban sus almas. Nació por eso, con el nombre de Éxodo, huyendo definitivamente del rock comercial y encontrando alivio en el rock contestatario, “porque antes del negocio, está el sentido por el rock primigenio”.
Éxodo está integrado por 5 jóvenes muchachos, que no se identifican por sus nombres de pila, sino simplemente por sus apelativos musicales, el líder del grupo César “Largo” (voz), Toño (primera guitarra), “Coyote” (segunda guitarra), “Pogui” (bajo) y “Zalamandra (batería). Ellos ya han sacado al mercado subterráneo una placa casete con temas ya conocidos por los seguidores de este importante movimiento, canciones como “Rock en Lima la podrida”, “El siglo pasado”, “Depresión”, “Rockear”, entre otras, ya gozan del aprecio del público.
Nuestra inusual y despreocupada charla se inicia de la siguiente manera: “No nos interesa el rock comercial, que otros hagan lo que se les ocurra, sus canciones no tienen más que un fin lucrativo. Lo comercial está orientado hacia la música susceptible, cursi, para llamar la atención del público y así de esta manera contar con la difusión de la radio. En cambio nosotros, nos tenemos que limitar, por el poco apoyo que tenemos y que nos dan por la música que tocamos, especialmente por las palabras que utilizamos pero no sabemos por qué si son palabras que utilizamos todos en la calle, en la casa, sólo que nosotros las cantamos”.
Se confunde mucho lo que es el punk y el subterráneo, ¿Qué diferencia hay entre ambos?
“El punk es más violento, pienso que más consciente en su propuesta contra la sociedad injusta. Sus letras son crudas, radicales y aunque ellos también son subterráneos, no todos los subterráneos son punks, porque nuestra música es más ligera, el ritmo es más divertido, inclusive puede llegar el momento en que el público escuche nuestra música y se ponga a bailar”.
“En el Perú el punk es más una moda que un movimiento, los 'punkeros' son grupos subterráneos, que comparten un espacio juntos y entre ellos hay jóvenes que usan el punk, no en su forma de protesta sino como una simple forma de vestirse o cortarse el pelo, ellos no son verdaderos punks, simplemente son novedad”.
Lamentablemente este y otros grupos no encuentran el apoyo que necesitan para dar libertad a sus creaciones, teniendo que recurrir a actividades para recolectar dinero y sustentar los gastos que requieren los instrumentos y el local para los ensayos. Actualmente realizan diversas presentaciones en la capital y tienen pensado también realizar una pequeña gira a provincias. “Queremos ir a tocar a Ayacucho, porque es allí donde necesitan nuestra música”, dijeron.
Éxodo ha recibido influencias de diferentes grupos peruanos y del exterior pero la mayor de sus influencias las han recibido del ritmo y estilo musical del rock primigenio, el llamado rock de los 50's. “Nosotros no interpretamos el rockabilly”, sino que nuestra música se inclina al ritmo que se inspira en el primer rock, con instrumentos nada complicados, con un sonido limpio de guitarra, una batería y el bajo, claro y la voz un poco gruesa.


FUENTE: Éxodo y su puro estilo contestatario. Mucho más que subterráneos. (5 de setiembre de 1987). En: Cambio, p. 21.