4 de marzo de 2018

VARIOS: La generación perdida (Apu Records, 1997)







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EL BEAT SUDAKA en vivo en el pub El Tarot de Miraflores.
De izquierda a derecha: José Javier Castro (guitarra), Gonzalo Farfán (guitarra), Guillermo Figueroa (batería), Carlos Augusto Chávez (voz), Julio Sanchez (percusión),  Sergio Riglos (teclado) y Luchín Haro (bajo).





En el libro “Alta tensión: Los cortocircuitos del rock peruano” (Emedecé, 2002) su autor Pedro Cornejo considera que en los años finales de la década del ochenta aparece una oleada de nuevos grupos en medio de los dos frentes en los que parecía estar encasillada la escena roquera: el oficial que contaba con apoyo y difusión en los medios de comunicación, y el subterráneo con sus propios recursos. Estos nuevos grupos se presentaban en locales de la época como El Tarot, Sasafrás, Nirvana, Parsifal, La Casona de Barranco y hasta en la concurrida la Calle de las Pizzas. Así generaban una pequeña pero fiel legión de seguidores. Lo interesante de estos grupos era que intentaron establecer nuevas estrategias de producción y promoción de su material, dando primacía a la calidad de su repertorio y al manejo de sus presentaciones, es decir, buscaban darle mayor valor musical al oficio.

“Se fue perfilando así una escena que se desarrollaba a caballo entre el circuito de grupos aupados por los medios de comunicación masiva y el de los recalcitrantes grupos subtes. Surgieron, en ese contexto, bandas oscuras como Cadena Perpetua, ácidas como Humo Rojo, melódicas como Los Inocentes y Papaya Pop, mestizas como Cimarrones y El Beat Sudaka, bizarras como Asesinados por su Arte, junto con otras, como Eructo Maldonado, que inicialmente formó parte de la movida subterránea. La mayoría de estos grupos fueron la semilla de la que saldrían muchas bandas que se convirtieron con el paso del tiempo en pilares del rock peruano de los noventa: Mar de Copas, La Liga del Sueño, Cementerio Club, El Aire, los remozados G-3, etc.” 1

Estos grupos entraban a un estudio de grabación que les garantice las condiciones técnicas para producir sus temas. Uno de los estudios concurridos era el de Miki González. La situación económica recordada por las medidas del gobierno conocidas como “paquetazos” para frenar la desestabilización y una tasa inflacionaria jamás vista en la historia del país tuvo un efecto generalizado. El sueño de llevar adelante una incipiente industria en el sector fonográfico se desvaneció. Incluso el mismo González que gozaba de un respaldo mediático no pudo editar un long play como formato discográfico para su tercer álbum “Nunca les creí” que apareció en 1989 sólo en casete.
El material que aparece en este compilatorio fue el segundo lanzamiento de la disquera Apu Records y reúne varios registros conservados en cintas matrices. Estos grupos ya extintos fueron el verdadero precedente de una auténtica escena independiente que no se hacía tanto rollo en el mensaje ni apelaba a manidas fórmulas para lograr su reconocimiento.
¿“La tercera vía”? La profesionalización musical era su visión.  



1 Cornejo, Pedro (2002). Alta tensión: Los cortocircuitos del rock peruano. Emedecé: Lima, pp. 85-86.







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