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14 de agosto de 2023

Revista La Frontera (1998)

 



“La Frontera” fue una publicación de tipo revista que apareció en los 90, dirigido por Sandra Requena (Metadona). En este número lanzado en 1998, se comenta la participación de rockeros, entre ellos Rafo Ráez y Marciano Cantero, en el talk show “Intimidades” conducido por Laura Bozzo (Panamericana, 1997). La nota humorística viene con la parodia Intimidades donde aparecen algunos personajes de la escena rockera. La nota de fondo lo pone Leusemia con ocasión de su tercer disco Moxón: elexecrable viaje estokástico de Defekhön I a través de los tiempos (Huasipungo, 1998), una entrevista a los grupos 3 al Hilo y Manganzoides con una reseña de su cassette debut Manganzoides (Komodo, 1998).

Con ustedes “La Frontera”, una publicación con harto rock and roll nacional.


 








Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA


24 de febrero de 2020

LA VIEJA OLA: Crónica de una matinal en el cine Tauro (1987)




Archivo hemerográfico de Antena Horrísona


La vieja ola

Veinte años después, retornan las matinales con las mismas estrellas de entonces… sólo que un poco más encanecidas o ligeramente calvas y no pocos rollos en el abdomen.
De todos modos, un espectáculo que vale la pena.

La pareja de esposos hacía su cola esperando ingresar al cine Tauro para asistir a la matinal. Y mientras sus pequeños hijos desaparecían de su lado en busca de golosinas, ellos alucinaron que retrocedían en el tiempo y que eran otra vez los colegiales enamorados que allá por 1966 llegaban al cine para espectar sus matinales con los reyes de la nueva ola como Los York’s, Los Shain’s y Los Doltons.
Pero el encanto se rompió cuando vieron llegar a los músicos: sus cuerpos adiposos y curtidos fueron los espejos donde se vieron reflejados. La pareja reconoció sus carnes cuando descubrieron las masas gelatinosas de Elmo Rivero y Carlos Corzo. El señor reconoció que debía usan un tónico capilar contra la calvicie cuando observó la frente demasiado amplia de Jean Paul “El Troglodita” y la del propio Pepe Cipolla.
En fin, cuando vieron llegar a sus hijos con bolsas de chizitos en la mano y observaron que el otrora novísimo cine Tauro ya no era el mismo en ese momento. Se percataron que veinte años no pasan en vano y que por un regreso al pasado acompañados de sus viejos ídolos –aunque sea por tres horas– bien valía apoquinar los noventa intis del boleto.


EL TÚNEL DEL TIEMPO
Los afiches anunciaron la presentación de El Troglodita, Carlos Corzo, Pepe Cipolla, Elmo Rivero y –como máxima atracción– Pablo Luna, vocalista del recordado grupo Los York’s. A ese llamado habían acudido a la platea trescientos nostálgicos, entre los que se encontraban gente madura con sus hijos, algunos otros solteros que no alcanzaron pareja en aquellos tiempos de locura y muchas adolescentes bullangueras, hijas seguramente, de algunos matrimonios nuevaoleros.
Público muy distinto por cierto al de las matinales de antaño, compuesto básicamente por colegiales que realizaban esa actividad para sacar fondos para las promociones.
        Lucho Aguilar, empeñoso promotor nuevaolero, hace veinticinco años que grita anunciando la presencia de Jean Paul “El Troglodita”, desde “El túnel del tiempo”.
Lo cierto es que al parecer ese túnel se malogró porque del Troglodita de ayer ya no queda mucho. Nada de la pelucaza y además, exhibe una figura delgada que dista mucho de ser la de un troglodita, a pesar de vestir todavía un traje de piel de Leopardo.
“Antaño llegaba al escenario y rompía una silla en cada función. Ya no podemos darnos esos lujos”, afirma Aguilar, aunque algunos jóvenes asistentes pusieron en duda que antaño este delgaducho cantante haya podido destruir semanalmente sillas aunque sea de triplay.
Lo cierto que si antaño rompía corazones, hoy también. Aunque los de ahora son corazones de mujeres cansadas por la edad y la dureza de la vida y, para colmo, esos maduros corazones los tienen que compartir con los maridos que también asisten a la matinal.
“Su padre no quería que cantara –recuerda Aguilar, tramontándose por el Túnel del Tiempo, veinticinco años antes– el señor era militar de alto rango y nos botaba. Pero el Troglodita se escapaba y cantaba en las matinales”.
Ahora también canta, las chicas de ayer, señoras hoy, dan los mismos grititos y coquetean con los ojos igual. El Troglodita invita a bailar y más de cincuenta parejas amenazan con romper el piso del Tauro danzando al ritmo de “La Bamba”.
Algunos señoras aprovechan la confusión para estamparle un beso en la mejilla, pedirle autógrafo o tomarse una foto con él, demostrando una paciencia infinita al haber esperado veinticinco años para realizar semejante capricho adolescente.
Para el músico, que en la calle es un flaco bigotón como cualquier otro de Lima, tal vez estas acciones sean de mucho más valor que los tres mil intis que asegura pagarle Aguilar por show.


EL SHOW DE PABLO
En 1966 más que los solistas, en las matinales competían los grupos. Los Shain’s liderados por Gerardo Manuel y Pico Egoaguirre los que eran considerados “pitucos”, mientras que sus fans llegaban de Jesús María, Miraflores y San Isidro, su hinchada se congregaba en los cines Orrantia, Mariátegui, Tauro y el Ídolo de Pueblo Libre.
        Los York’s congregaban más populorum, eran trigueños y su mancha provenía de Barrios Altos, Breña, La Victoria y Rímac. Por lo tanto sus cines preferidos eran el Francisco Pizarro, Porvenir, Mundo y Excelsior.
Los York’s encarnaban en esas épocas la rebeldía y la agresividad de los de abajo. Estrafalarios en el vestir, Pablo Luna no creía en nadie… como en la actualidad.      
¡¡¡Con ustedes Pablooo Lunaaa de los York’s!!! grita Aguilar en medio de luces sicodélicas verdes, rojas y amarillas.
El público de platea delira. La pituquería que asiste clandestinamente a la mezanine para no mezclarse con la “chusma”, y que de seguro en aquella época era seguidora de Los Shain’s, hace un mohín de disgusto.
Pablo Luna aparece con un terno blanco, botas con tacazo, pantalones con tirantes y sin camisa. Como corbata tiene una especie de pañolón de hembrita y, como toque final, unos lentes de colorines que venden los ambulantes en Polvos Azules.
En medio de un sonido sicodélico Luna interpreta su éxito “Abrázame baby” al tiempo que se abalanza a donde está el público y abraza descaradamente a una señora. Luego besa a otra para luego irse caminando por sobre encima de las sillas mientras el público delira y una antigua fans a nuestro costado afirma que igualito lo hacía hace veinticinco años.
A la música de los York’s la denominaban “enfermedad” y saquen su línea por el nombre de este par de temas: “Pronto un doctor”, “Quiero que se vayan al infierno”. Es decir, fue un grupo que siempre se declaró admirador de Los Saicos, los más radicales de aquella acaramelada época.
Luna termina su actuación con un clásico tema de Elvis Presley: Tuti Frutti. Baila, gesticula, mueve las caderas de modo pícaro, casi obsceno, mientras los esposos miran a las esposas como diciendo “si no nos escandalizamos hace veinticinco años, no vamos a hacerlo ahora. Pero eso sí, que los chicos vayan afuera a comprar golosinas”.


AQUELLOS BELLOS SOLISTAS
Pepe Cipolla nunca tuvo buena voz, pero tenía carisma y llenaba las matinales. Elmo Rivero tenía buena voz y carisma. Todavía se recuerda su matrimonio con una modelo de canal Cinco que fue transmitido en vivo y en directo por la misma emisora.
Cipolla, a comparación de los otros, parece haberse conservado en formol. Pantalones anchos y ropa de colores le dan una apariencia juvenil al punto que al terminar su actuación algunas damas, bastante potables por lo demás, le regalan un ramo de flores.
Cuando otra guapa dama intenta darle una rosa, la puerta que da a los camerinos ya se cierra. La chica insiste y entra sola a entregarle personalmente la rosa al camerino mientras el público que asiste a su empeño arranca en murmuraciones.
Una señora a nuestro costado nos chismosea: “a esa yo la conozco, hace veinte años también hacía lo mismo. Iba donde otros cantantes con el cuento de la rosa”.  Y así son todos los domingos, como dice Aguilar: un túnel del tiempo.

FUENTE: 
Patiño, Víctor. La vieja ola. En: VSD, suplemento de La República. 11 de diciembre de 1987, pp. 12-13.

19 de enero de 2019

¿QUIÉN ES QUIÉN EN LA MOVIDA NACIONAL? (VSD, 1986)




Un breve reporte sobre la movida rockera de Lima que, a mediados de 1986, ya contaba con una considerable masa de grupos que elaboraban propuestas musicales en base a este género. El periodista Álamo Pérez Luna elabora un “Mapa del rock en el Perú” (otra vez el centralismo) con una clasificación, aunque imprecisa, básica para conocer a los nuevos (y otros no tanto) valores de la década ochentera. Lo curioso es que se considera al rock subterráneo como... ¿subgénero? ¿escena? ¿fusión total?, poniendo como contraparte a la "música comercial", que también tenía en sus filas a grupos pop. Definitivamente, tiempos idos.








Archivo hemerográfico de Antena Horrísona









¿QUIÉN ES QUIÉN EN LA MOVIDA NACIONAL?
Primera aproximación al fenómeno rockero en el Perú

Con el correr del tiempo, el rock and roll ha ido adoptando nuevas formas y nuevos estilos. El rock puro, simple o cuadrado de Bill Halley, Elvis Presley, Little Richard y Carl Perkins, fue cambiando hasta convertirse en pop, rock, progresivo, rock pesado, música disco o new wave.
El rock hecho en el Perú no ha sido la excepción y ha adoptado nuevas corrientes o estilos (aunque siempre con algún retraso) desde su aparición, allá por 1964. Hoy, a mediados de 1986, el panorama del rock cholo presenta 7 formas bien definidas y 50 grupos o solistas con una actividad relativamente constante.
Aclaramos, también, que el hecho de que algunos grupos estén situados en un mismo rubro no significa que éstos practiquen un estilo musical similar. Simplemente hemos buscado puntos afines, musicalmente hablando. Aquí la crónica.

Por: Alamo Pérez Luna
Fotos: Herman Schwarz

Nunca nos ha gustado encasillar o seleccionar a la música por géneros o estilos. La música es una sola. Pero siempre es necesario buscar una forma de identificación. Más aun tratándose del panorama del rock realizado en el Perú, el cual no tiene una difusión mayoritaria. Por lo tanto, la gente está desorientada y no sabe si las cosas están donde realmente deben estar.
       Sin ánimo de clasificar a nadie (más de un músico pondrá el grito en el cielo al ver su nombre o el de su grupo en alguno de los rubros), hemos agrupado a los grupos o solistas que mantienen una actividad regular, según el tipo de música que practican, basándonos en grabaciones o presentaciones en vivo:
       Aunque creemos que el rock peruano tiene en muchos casos identidad propia y que sería necesario abarcar más estilos o formas para hacer más exacto nuestro trabajo, éste se acerca mucho a lo que queríamos lograr.
       Líneas arriba hablábamos sobre las influencias foráneas y su difusión en nuestro medio. La mayoría de grupos que actualmente conforman la escena rockera limeña comenzó tocando temas de otros intérpretes. Y esto continúa hasta hoy. No es raro escuchar al grupo Río interpretar temas de los argentinos G.I.T. y a Pateando Latas algunos de Fabiana Cantilo y Los Abuelos de la Nada.
       Si bien esta mala costumbre debería erradicarse definitivamente de nuestro medio, esto es comprensible si nos ponemos a pensar en el público limeño, tan reacio a escuchar música propia de nuestros rockeros. Ellos deben empezar por mostrar su rechazo a la música extranjera.
       Aunque este problema ya no es tan frecuente, siempre encontraremos a gente que le tiene “antipatía crónica” al rock hecho por peruanos. Lo más lamentable es que muchas veces esa antipatía se observa en gerentes de disqueras, programadores de radios o discjockeys.
       Volviendo al tema, las influencias que los mismos rockeros fueron adoptando y adaptando a su música se ven reflejadas en sus trabajos particulares. El movimiento musical limeño, desde sus comienzos, recibió fuertes influencias debido a las emisoras radiales. Aparte de éstas, los músicos nacionales siempre han mantenido un “circuito cerrado” de compra y venta de discos importados y casetes de difícil acceso o de poca difusión radial.
       Como es lógico de suponer, el rock hecho por peruanos recibe influencias de todas partes del mundo. Es comprensible, entonces, la actitud de músicos antiguos como los We All Together, Traffic Sound o Los Shain’s de cantar en inglés, ya que en esa época la mayoría pensaba que el rock debía ser cantado en ese idioma. Lo que no entendemos es que se cante en inglés en los ’80. Eso, al parecer, se ha desterrado.
       Los estilos que actualmente nos muestran los rockeros más representativos, varían desde el rock ligero hasta el rock pesado, rock fusión (encontramos reggae jazz o rock urbano), rock andino y rock subterráneo. Este último es el más amplio y confuso, el más difícil de definir, ya que ahí se practica rock and roll, ska, reggae, rock duro y también hardcore.
       Este esquema no especifica el fondo que cada grupo trae consigo, llámese letras o propuesta en general. Podemos tener, como base, la idea de que los rockeros subterráneos muestran un total desprecio por la difusión radial. Dicho más claramente, no son “comerciales”. Los otros géneros sí se preocupan por lograr un reconocimiento mayoritario o masivo, gracias a las radios.
Lamentablemente, se tiene la equívoca idea de que los que hacen música comercial no tienen calidad. Gran error, ya que los ejemplos de músicos internacionales saltan a la vista. Otra diferencia, saltante de por sí, es la preocupación que muestran los rockeros, que no son subterráneos por lograr una constante evolución musical. Los subterráneos, por el contrario, desprecian el mejorar individualmente como músicos.
Sin embargo, los subterráneos tienen  varios puntos a favor. Uno de los más importantes es que sus letras gritan su rechazo al sistema imperante y a todo lo que los oprime. Por otro lado, muchas veces “los comerciales” demuestran una indiferencia total ante lo que los rodea. Ahí está lo malo.
Este es, a grandes rasgos, el panorama del rock realizado en el Perú en la actualidad. Nosotros esperamos que pronto todo mejore para nuestro rock y que se logre una verdadera difusión mayoritaria.


FUENTE: Pérez Luna, Álamo. ¿Quién es quién en la movida nacional? (06 de junio de 1986). En: VSD suplemento de La República, pp. 5-7.



17 de enero de 2019

LEUZEMIA y el PUNK-ROCK (Oiga, 1984)




Esta es la crónica del poeta Roger Santiváñez, publicada originalmente en la revista OIGA, sobre el concierto de cuatro grupos de rock en el local La Taberna como parte de "¡El rock subterráneo ataca Lima!" organizado por Ave Rok.





EL ROCK SUBTERRÁNEO ATACA LIMA
Segunda fecha con la participación de LEUZEMIA, NIEVE NEGRA,

 NARCOSIS y LOS EXIGENTES DE BENITO LACOSTA en el local La Taberna (17/11/84)








Archivo hemerográfico de ANTENA HORRÍSONA



LEUZEMIA y
el PUNK-ROCK



El rock ha vuelto a colocarse en un primer plano en la ciudad con la formación del grupo “Leuzemia”. Este conjunto integrado por jóvenes músicos cultiva el punk-rock.

Cuando ya nadie podría esperar nada del Centro de Lima, o quizá porque solo el cercado podía hacer surgir un alma encadenada al rock como la de Daniel F. “el desechable”, es que el sonido del grupo Leuzemia ha conquistado el corazón de una buena parte de la juventud y sobre todo de la adolescentud –si se nos permite decir-.
Ya en 1978 Daniel F. le daba a la guitarra con su extraño hermano Guillermo Vilis (batería) y ya en ese instante eran leucemia. Pero hubo que esperar la llegada casual de Leo Scorioza, solitario chiquillo punkero de Lima (bajo), quien con Raúl Montañez (primera guitarra) conforman lo que hoy es el conjunto.
Hacían pintas sobre los muros de la ciudad, tocaban en conciertos clandestinos donde había que pelearse para subir a un escenario copado por la bulla pop.
De pronto salen a la luz de los potentes reflectores en la Concha Acústica del parque Salazar de Miraflores y el hechizo se produce instantáneamente: Leuzemia es un río o es una fiebre, nadie puede sustraerse de ese ritmo jamás igualado por ningún otro grupo de rock en el Perú, el carisma que se desata ante el fraseo agresivo e insultante de Daniel F. y un ramo de flores para Leo Scorzia quien nos expresa claramente el sentido musical de la experiencia llamada Leuzemia.
De allí que en reciente entrevista Daniel F. afirme “no me interesa la política para nada”. Ellos son músicos y lo que quieren es ser los cantores rockeros de un mundo, que si los llamados adultos no aciertan a comprender, qué fuego pueden ver los chicos de 15 o 18 años.
Al escuchar a Leuzemia es lícito preguntarse cómo han logrado alcanzar tal velocidad en el nivel rítmico para la interpretación clásica (guitarra eléctrica y batería) del rockanrol.
Sus fanáticos los siguen hasta el fin del mundo. Algunos dirán que el sonido de Leuzemia carece de nitidez, pero nadie podrá negar el impacto gestual y la emoción colectiva que genera el conjunto cuando sube al escenario.


EL CONCIERTO
El sábado 17 se corrió la voz desde tempranas horas de la mañana. Esta noche toca Leuzemia en La Taberna, al costado de La Palizada.
Llegamos en el momento en que Alfredo Rossell de Ave Rock (organizadores del Concierto de Música Subterránea) discutía con un policía –problemas de permiso y esas cosas- mientras el grupo NARCOSIS interpretaba “Sucio policía”. Visto que todo está en regla, el rock continúa, esta vez es NIEVE NEGRA rompiendo el aire. Luego saldrán los intelectuales del rock: LA CIENCIA CRACK, perfectamente olvidables: Eso no es rockanrol.
El ambiente se caldea, el público pide a gritos la aparición de Leuzemia. Por fin Daniel F. y Scorioza afinan ánimos y la voz cantante del grupo dice al micrófono: “Porque nosotros somos la nueva música”. Ovación, energía contagiante, arranca la batería de Vilis mandando el ritmo de “Fascistas de camisa negra por la calle Mussolini”.
“La gente dice que somos anarquistas, comunistas, fascistas, nada. Nosotros somos la Nueva Música” –afirma contundente, seguro, implacable con su público, Daniel F., cuyo gorrito le da un aire de delgada coherencia.

¿Cuál es el futuro de Leuzemia?
Ellos lo dicen: "Esto recién está empezando”. Ojalá pueda La Taberna convertirse en el centro del nuevo rock peruano. Ha llegado la hora de “Oirás mi voz”, bella canción de estos poetas suburbanos para quienes ha de haber un lugar en el paraíso de la música.




FUENTE: Santiváñez, Roger. Leuzemia y el punk-rock. En: Oiga, 3 de diciembre de 1984, pp. 51-52.

24 de enero de 2016

Crónica: Rock en el río Rímac (17/02/85)




Rock en el río Rímac
Como caballos salvajes sobre el asfalto



Por Óscar Malca

Por varias razones la noche del 17 de febrero de este año será difícil de olvidar. En esa fecha se realizó “Rock en río Rímac”, el concierto más insospechadamente espectacular que se recuerde en nuestra capital y en el que miles de jóvenes se vieron involucrados en un happening callejero desencadenado por esa tumultuosas efervescencia social que comporta el rock. Finalmente perseguidos por la policía, los rocanroleros subterráneos demostraron ser protagonistas y portavoces esenciales, ya no solo de la revitalización del rock peruano, sino del explosivo malestar que fagocita a la juventud limeña.

La siguiente debió ser solo la crónica de la primera reunión en el proceso organizativo de la contracultura rockera, pero terminó convirtiéndose en el testimonio de cómo un phatos musical afiebrado y soliviantador fue capaz –para bien o para mal y aparte de los excesos– de generar la más intensa participación de quienes antes eran laxos e indiferentes espectadores, en el sentido más abastecido de la palabra.

Eran ya pasadas las seis de la tarde cuando Vicente Hidalgo abordó el destartalado microbús que lo llevaría al Rímac. Y esta vez el peligro radicaba en la vieja amenaza de todos los febreros que recordaba: los carnavales limeños, el tradicional y crecientemente violento juego con agua. En cualquier instante y desde la más pacífica ventana podría aparecer, como un latigazo, un chorro de frío líquido empapando las mejores ropas. Y los domingos la cosa era peor aún; así que procuró no pestañear durante el viaje: “Rock en río Rímac” es un evento al que tengo que llegar seco y a pie seguro, se dijo.
Tras una hora de cansino viaje, se apeó en la avenida Tarapacá y caminó en busca del tabladillo que iba a ser levantado en la esquina con la calle Guardia Republicana.
A unas pocas cuadras se encontró con Edwin, cantante y compositor de Zcuela Crrada. Se dieron las manos y le preguntó por el resto de la gente.
“Están allá –señalando hacia lo que parecía un escenario– yo me vine a comprar unos cigarros… vamos yendo, pero eso todavía tiene para rato compadre”.
Cuando arribaron al entarimado la decisión había sido ya tomada: la cantina quedaba un par de cuadras más abajo.



LOS ROCANROLEROS: EL FUTURO SÍ EXISTE
En la mesa estaban los de Leusemia, Guerrilla Urbana, así como los de Zcuela Crrada y algunos miembros de Narcosis, Autopsia y Anti-tucos. Daniel F, de Leusemia, conversaba con uno de los Anti-tucos sobre el último concierto en la universidad Ricardo Palma. Por la asistencia de público, puede hablarse de un éxito, pero también existió un velado boicot a los leusémicos: no les quisieron prestar instrumentos y cuando, tras intensas gestiones, consiguieron tocar, tuvieron que hacerlo con un músico menos. “Hay que juntar plata y comprar instrumentos”, dice Daniel. “Pero cómo cuñao, son demasiado caros”, repone Leo Scoria, músico de su mismo grupo, sin ocultar cierto desconsuelo en la voz. Y no era para menos, pues fue Leo quien más sufrió cuando supo esa noche que no había guitarras para ellos. Tuvo que insistir mucho y hasta forcejear para que cedieran los rubicundos propietarios de las herramientas que precisaban. “Pitucos de mierda, solo piensan en ustedes y en sacarle lustre a su guitarrita. Porque tienen plata se aprovechan”, les había increpado. La situación fue dramática pues casi hubo que llegar en una oportunidad al intercambio de golpes.
El viejo sueño del circuito alternativo, de un mercado subterráneo, paralelo al consumista burgués –para decirlo en el lenguaje de los economistas. Ese era un tema que Vicente ya había escuchado en otras reuniones con los rocanroleros.
Desde hace algún tiempo les perseguía la idea de organizarse para no terminar como sus pares de anteriores generaciones, que parecieron hamletear frente a la disyuntiva  de inmolarse bajo las bellas banderas de la radicalidad y el heroísmo, o tirar la esponja en la lucha contra el establishment e instalarse muellemente en él.
No todo era pues improvisación en ellos. Les desvelaba también el futuro, el después de los conciertos. Nadie se quería contaminar con las modas de la pituquería miraflorina ni con los prestigios, supuestamente  “rebeldes”, del consumismo cultural barranquino. Incluso se comenzaba a cuestionar y replantear ciertos clichés harto quemados y manoseados por escépticos oportunistas y toda ralea de poseros.



LOS CABALLOS SALVAJES COMIENZAN A DANZAR
Unos dos mil espectadores, entre curiosos y fanáticos, aguardaban con impaciencia el inicio del concierto. Los organizadores, el concejo distrital  del Rímac –de Izquierda Unida- había estado toda la semana por las calles bajopontinas y zonas aledañas propagandizando la versión criolla del entonces reciente Rock in Rio.
Las cabezas de todos los grupos participantes se reúnen con los organizadores y se elabora el rol rápidamente. A Zcuela Crrada le tocó abrir e inaugurar la noche. Edwin juntó a su mancha y marcharon camino al tabladillo. La collera de rocanroleros le deseó suerte a la vez que aplaudía y bromeaba con ellos. De pronto, tres globos de agua cayeron por los alrededores. Se produjo un leve tumulto y no pocas imprecaciones por parte de las víctimas. Los proyectiles vinieron desde las últimas filas… y lo único que permitía ver una inmediata ojeada hacia atrás eran varias hileras de rostros sonrientes y de desafiante complicidad.
Vicente y sus amigos se juntaron y mientras aplaudían a Zcuela Crrada, se advirtieron mutuamente de tener cuidado con el agua y los provocadores. Los músicos sobre el entarimado comenzaron con las cuerdas. Edwin cantaba “Loco burdel” y ya brotaban los primeros aullidos de la multitud. El ruido atronador de los parlantes extendía su fuerza y convocatoria, las ventanas de los edificios de la Unidad Vecinal rimense se abrieron y cerraron con la misma celeridad, y abajo entre el público se iniciaba esa simiesca danza punkera que en otros lados llaman pogo o slam, saltos rítmicos que buscan colisionar con los cuerpos vecinos, empujones y manos en alto. El grupo con su sonido sucio y extraño conducido por la enérgica línea rítmica que imponía el vocalista, interpretó tres temas propios que –en términos de impacto- fueron bien recibidos por un público poco habituado a sonidos que nada tenían que ver con lo que la radio difundía.
Con la música, el crecimiento de la euforia y la consiguiente empujadera fue ostensible. Y por supuesto atrajo también a más público que ya salía de sus casas abandonando en la TV un partido de fútbol que expiraba.
Bueno, si algo era evidente es que alguien estaba declarando una guerra. Empero, la música prosiguió.
Raúl pasó la voz y toda la collera avanzó a un costado del tabladillo. Allí aguardaban Edwin y Daniel, ambos señalaron a un par de policías que preguntaban al presentador por la relación de los grupos participantes. El nombre de Guerrilla Urbana parecía preocuparles en especial. Los rocanroleros subterráneos se repartieron la consigna de que si intentaban encanar a alguno de ellos, todos tenían que defender.
Bajó Temporal y subió Tubo de Escape, también rimense. Dos temas de su peculio y otro de la radio. El público seguía llegando y la muchedumbre aumentaba sus gritos conforme crecía. Siendo las diez y pico de la noche en la pista de la avenida ya se reunían más de cinco mil gentes ávidas de rock n’ roll. Una tumultuosa y electrizada marea humana se bambolea al compás de las notas musicales de los conjuntos y las palomilladas de adolescentes que recorrían diversos sectores de la muchedumbre provocando y haciendo chacota.
Ahora el turno le correspondía a Guerrilla Urbana, que la integraban además del mencionado José Eduardo, Ñaja-Ñaja Sícora, el filósofo Pedro K. –profesor  universitario (pero) autor de sesudos e importantes artículos sobre los principales protagonistas del rock contemporáneo– y dos miembros de Leusemia: el inquieto Guillermo Kimba y Leo Scoria. Esa noche era el debut.



LOS CABALLOS SALVAJES SE DESBOCAN
Empezó Guerrilla con los acordes de una guitarra ultrarrápida y un cantante –gritante más bien– con voz de guarapero enfurecido. Interpretaron “Vivo en una ciudad muerta”, “Quiero anarquía” y “Eres una pose” (Solo dices mentiras/ eres la falsedad/ eres una mierda/ eres solo una pose…). El antirritmo del hardcore y las letras filosamente agresivas provocaron que la gente reaccionase en forma inmediata: Saltos, empujones, gritos, manos en alto, globos de agua. Pronto las hembritas se adelantaron y buscaron mejores ubicaciones para participar del chongo desde un sitio más seguro. Codazos, insultos, una banda de malacos llegó desde atrás metiendo patadas y escupiendo a su paso. “Son los que tiraban agua”, reconoció alguien. Eran como ocho o diez que buscaban provocar a los más entusiasmados con la empujadera. Sin embargo pronto fueron repelidos con rudeza por los rocanroleros y otros espectadores pacíficos que no deseaban que un juego tosco, pero juego al fin, degenerase en agresiones a mansalva. Tuvieron que retirarse entre silbidos profiriendo amenazas e insultos. La agitación, en cambio, no decreció: los músicos siguieron haciendo lo suyo.
Luego de Guerrilla subió Fuga e inmediatamente después, lo hizo Flagelo. Dos grupos que sin llegar a convencer del todo, se esmeraron en satisfacer la expectativa, que minuto a minuto se convertirían en llana demanda de fuerza sonora, música veloz y contundente y letras agitativas para poder identificarse y gritar.
La vergüenza la constituyó Opus Rock que interpretó solo temas de la radio, manera de complacer con un mínimo de talento o esfuerzo creativo.
Los malandrines de la última fila continuaron sus líquidos ataques, a los que más de uno contestó lanzando cualquier proyectil al alcance de la mano. La banda de los rocanroleros fustigó a los de Opus Rock hasta que concluyeron su número; pero, por encontrarse adelante, también fue víctima de algún chapuzón: a Susi que acompañaba a los músicos de Guerrilla, le cayó una bolsa pestilente en la cabeza, y Edwin Zcuela casi fue orinado por un ebrio revoltoso.
En medio de toda esa tensión que ascendía, el presentador anunció a Leusemia.
Vicente escuchó la estruendosa algazara que le dio la bienvenida y se preguntó si el grupo que integraban Daniel F, Leo Scoria, Raúl Montañez y Guillermo Kimba no era ya una leyenda en el rock limeño de los ochenta. Daniel agarró el micrófono y alertó a la gente de quiénes estaban usando el nombre de Leusemia para atraer público a los conciertos, pero que al final o les impedían tocar o se “olvidaban” de pasarles la voz. Y algo para los copiones: “Todavía hay piojos que siguen cantando en inglés…” (Entretanto, los malacos de atrás habían vuelto con refuerzos a las primeras filas con el afán de tomarse la revancha de su anterior puesta en fuga. La gente estaba alerta).
“Así que ustedes son el público del Rímac –prosiguió Daniel–, los más exigentes… cuando es gratis. Ahora pues quiero verlos… ¡patearse la cara!”. 
E inmediatamente largaron un veloz rock n’ roll: “Aj rock” (N. del transcr.: bautizado después como “Rata sucia”).  
Tocaban con frenesí, y abajo comenzó la danza salvaje, la empujadera y los primeros intercambios de golpes. 
Cayó más agua y ya se trenzaban a golpes los primeros contendientes. Tacles, puñetes y botellazos. Una mano impactó con fuerza en el rostro de Pedro K., José Eduardo rodaba por el suelo en un intercambio de chalacas con otro grandazo, uno de los malacos se retiraba cogiéndose el ojo.
Leusemia terminó el turno y sus miembros bajaron rápidamente por si la mancha necesitaba ayuda. Felizmente ya la cosa había menguado. De todos modos, no se separaron pues por ahí seguían las provocaciones de algunos picapleitos ebrios y de rato en rato venían “olas” que empujaban a la gente de atrás para adelante.
Sobre la tarima estaba ahora el grupo Delpueblo que equivocadamente interpretó parodias de Miguel Ríos y los Beatles. Error, ya que el clima exigía otro tipo de temas que a ellos indudablemente no le faltaban, y no chacota para intelectuales. Concluyeron su número sin pena ni gloria.
Mientras tanto, Leo se trenzó con uno y luego con otro que lo estaban provocando. Intervino también Daniel, quien tuvo que retirarse con una profunda herida en la ceja. Narcosis comenzó a tocar “Sucio policía”.
Y a la mitad de la canción, el audio se corta y se oyen balazos en el aire. Los policías recién despertaban y habían decidido defender su honor. En el escenario forcejean con los músicos para arrestarlos, pero intervienen los organizadores y Wicho, Fercho, Pelo Parado –NARCOSIS– logran huir. Kilowatt sube y mientras se inicia una desbandada general agarra el micrófono y vitupera el abuso policial. Todos corren en diferentes direcciones y ya casi no hay nadie cuando llega el jeep de la comisaría. Todos han escapado. Kilowatt se esfuma y la policía, al ver su fracaso, se llevó en represalia a uno de los organizadores.


FUENTE: Malca, Óscar. Rock en río Rímac: Como caballos salvajes sobre el asfalto. En: VSD, suplemento de La República. 26 de abril de 1985, pp. 4-5.

23 de febrero de 2014

LAS HONDURAS DEL ROCK SUBTERRÁNEO (La República, 1986)





Presentamos la crónica del periodista Gonzalo Rojas tras asistir a un concierto subterráneo en el Circo Dumbar de la Plaza Grau, en 1986.  Su visión de los hechos enfatiza detalles frívolos en cuanto a las actitudes de los asistentes como su manera de vestir y peinar, sus ademanes, en fin, todo lo que hace suponer que es el espacio donde prevalecen las apariencias que justifican una rebeldía juvenil de algunas horas. Su crítica hacia quienes considera unos “anarcos de papel” se argumenta, recurriendo en varias ocasiones a la ironía, en conversaciones con un público variopinto que no sabe qué hace ahí la primera vocal en tamaño gigante o qué representa. Reduce el contenido de las letras de los grupos a gritos adolescentes para cambiar el “sistema”, la temática de las canciones trata sobre grandes problemas que afectan a la sociedad y no es exclusivo a un sector (¿Tenemos acaso necesidad de inventar ghettos, para uso juvenil?). 
Dentro de todo eso rescata la intención de algunas bandas de hacer llegar su propuesta a un público mayor, de su preocupación por el lado musical de sus temas, llámese calidad en las grabaciones, y de trascender aquel “circuito cerrado” que a su entender limita las posibilidades de desarrollo. De esta crónica se desprenden algunas interrogantes tomando la posición del periodista, polémica por cierto, como en qué se sustenta el llamado rock subterráneo. Su conclusión contempla la actitud del público como parte de una experiencia adolescente de búsqueda y evasión. Bueno, pues, ¿qué esperaba de un concierto subte?






Archivo hemerográfico de Antena Horrísona


Las honduras del rock subterráneo

Los payasos, monos y fieras del Circo Dumbar en la Plaza Grau han sido arrumados por esta noche para dar paso a una fauna menos tradicional. El rock subterráneo ataca de nuevo. Se supone que “el sistema” debe temblar en sus cimientos pues esta horda de peligrosos adolescentes no cree en nada. Largos abrigos negros, elaboradas creaciones arquitectónicas en el sufrido cuero cabelludo, gritos destemplados, muñequeras, aretes, empellones, códigos secretos de reconocimiento… un apocalipsis que, visto de cerca, se esfuma como fuegos de artificio. No es más que un desahogo ocasional o, en el peor de los casos, un intento por exorcizar esa otra violencia, real y circundante.

Lo que pasa es que tú eres un convencido y los convencidos nunca podrán entender esto. La chica punka, toda una Cindy Lauper nativa (como que le dicen Cindy López) nos mira levantando apenas sus largas pestañas postizas, compadeciéndonos infinitamente, convencida de tener la razón. Su cráneo ofrece el aspecto de un campo de batalla, como si varios peluqueros hubieran trabajado allí, sin llegar a ponerse de acuerdo. El producto final tiene un poco de todo: mechones de diversos colores, zonas donde se despliegan las púas engominadas, partes rapadas, y un solitario ricito que desciende por la frente y acaba retorciéndose sobre la mitad de la nariz. Ella nota nuestra mirada curiosa  y argumenta:
-  Yo no me corto el cabello así por moda o por snobismo, me gusta cómo me queda y punto.
Se suman a nuestra charla dos jóvenes bastante subterráneos ellos, casacas negras, camisas chorreadas, bien a lo Bowie.
Finalmente se integra un chiquillo maquillado, cabello corto, saco y corbata a la moda de los años 50, es un new romantic y por lo tanto se siente obligado a esbozar una perenne sonrisa melancólica. Se discute sobre los Deat Kennedy (sic) y Sex Pistols, en un clima de video clip parodiado. Estamos en el sector clase media alta- burguesía acomodada del concierto. Pobres chicos, sus padres no los entienden:
-  El puta (se refiere a su papá) dice que esta es música para locos… lo indignante del caso es que el mencionado puta tiene el increíble mal gusto de escuchar The Beatles y antigüedades por el estilo. La discusión asume ribetes especializados y nos acercamos al escenario con la sensación de que en ciertos sectores sociales, cinco o diez años de diferencia de edad, son suficientes para establecer verdaderos precipicios generacionales.


ANARCOS DE PAPEL
Bajo la advocación de un enorme monigote fabricado con materiales de desecho (palos, latas, trapos) creación exclusiva del señor Herbert Rodríguez – enemigo público número uno de la pintura -, y ante una gran A de anarquía, los Feudales prueban micrófonos y guitarras. En todo caso el público, los “anarcos”, resultan ser en su mayoría gente pacífica.  No se nota mucho entusiasmo. Llegan en pequeños grupos de todos los barrios limeños, se instalarán alejados de las graderías, aplaudirán lo menos posible, algunos prenderán su tronchito, otros conversarán toda la noche bebiendo cerveza a pico, y una que otra parejita aprovechará la oscuridad para ensayar un aluroso agarre. Cuando el cantante del grupo Descontrol emite un gemido de animal degollado, los chicos al pie del estrado inician el ritual de saltitos, empellones, carreras, patadas y cabezazos. Los protagonistas de tan estilizada danza son, por un lado, cachorros lumpen-burgueses de casaca europea, junto a chicos del Callao y La Victoria, revueltos en democrática trifulca.
Probablemente este es el único modo posible de bailar el hardcore descontrolado: guitarras eléctricas que distorsionan al máximo, una batería de extraordinaria agresividad y un “cantante” que no canta, da alaridos. Apenas se les entiende.
Menciona la licencia para matar que tienen ellos porque tienen el poder o algo así. Un descuido basta para que (los periodistas del suplemento) VSD reciban su buen empujón, la canción (mejor dicho el ruido) termina mientras nos levantamos. Un bailarín, 15 o 16 años, nos ayuda y sin que nadie le pregunte explica que él y sus patas se han “zampado”: sobornando al guardián, luego se nos unen los susodichos patas y tras los topetazos de rigor – se saludan como alces en celo – entablamos un breve diálogo. Son escolares del Llauca, no saben qué significa la palabra anarquía. ¿Y tú de dónde eres chochera? Nuestra respuesta cae en el vacío porque ha empezado una nueva canción y los hiperestésicos reinician la coreografía. Nos vemos loco.



DESDE LA KLOAKA
A estas alturas un poco de historia puede ayudarnos. Lo que hoy se conoce como rock subterráneo surge en los alrededores del Movimiento Kloaka, en 1981, con Kola Rock, Del Pueblo, Descartables y más tarde Leusemia, Narcosis hasta llegar a los treinta o cuarenta grupos  y a las diversas vertientes que según los expertos, coexisten hoy. Kloaka se divide a poco de ser fundada y los pocos poetas o pintores de talento toman distancia. Tras lanzar insultos soeces contra Martín Adán o Toño Cisneros, y componer intragables odas al “Loco Vicharra”, el señor Roger Santibáñez , principal animador del Movimiento, decide dejar de lado la escatológica revolución de los desagües y se convierte en reportero estrella de la revista OIGA. Es en estas aromáticas fuentes, y en el punk europeo, que se inspira la rama hardcore del rock. No hay necesidad de aprender a tocar guitarra, no es necesario cantar, hay que aporrear malamente los instrumentos y gritar, desahogarse, sucio policía, sociedad de mierda, muerte y destrucción. Tal vez debiéramos preguntarnos en qué clase de sociedad vivimos que un mensaje como ese puede ganar adeptos y provocar encendidas polémicas sobre sus “valores artísticos”. Lo que en sociedades industrializadas aparece como respuesta disparatada (aunque finalmente inocua) a realidades deshumanizantes y consumistas, se convierte entre nosotros, en una burda caricatura tardía y grotesca. La pobreza borra las barreras generacionales, amarga precozmente la niñez y adolescencia. ¿Tenemos acaso necesidad de inventar ghettos para uso juvenil?



A VOMITAR, A VOMITAR
Alguien me alcanza el último número de Vomitando, publicación recontra subterránea en la mejor tradición Kloaka. Un estudiante de sociología de la Católica me pregunta si le puedo explicar cuáles son los planteamientos y fundamentos ideológicos del rock Underground porque le han encargado un estudio en la universidad y no entiende nada, le entrego el vómito en cuestión y al inspeccionar las graderías descubro algo insólito: ¡dos personas normales! Marido y mujer bien abrazados, medio asustados, casaca y pantalón él, de vestido ella.
-“Soy obrero en una fábrica de vidrio en La Campiña”, tras vencer su natural desconfianza el representante del proletariado, afiliado a la CGTP y todo, explica que vio los afiches y creyó que era algo así como lo de Miguel Ríos ¿no?... esto es una estafa… yo quisiera que alguien me explique qué es esto…no, no le encuentro nada de bueno.
Estoy a punto de decirle que si quiere una explicación se compre el último número de El zorro de abajo donde Óscar Malca (a. Sigfrido Letal) demuestra palmariamente que nadie en el Perú, salvo el propio Óscar Malca, sabe de rock y que si vivimos inmersos en el ruido y la violencia entonces la música, el arte, deben ser ruido y violencia, eso, un largo y prolongado escupitajo  al rostro del sistema y… pero prefiero, ya que el compañero Enrique – así nos dijo que se llamaba – parece buena persona, no complicarle más la historia.



ERUPTO PROGRESISTA
-Ya, tú dices anarquía y después ¿de dónde comes?
Nacho, cantante hardcore, sorprendente lucidez a los quince años, no cree en la anarquía, rescata el elemento igualitario, libertario del rock  subterráneo: aquí todos somos iguales, no hay jefes, cada cual dice lo que quiere.
-Félix Torrealva, bajista del grupo Erupto Maldonado (a pesar del nombre hacen un rock más elaborado, sin dejar de ser agresivos) afirma que la mayor parte de los músicos no sabe de dónde salió la enorme A que está detrás, que ellos tocan aquí porque no tiene otro sitio para hacerlo, les faltan recursos, amplificadores, instrumentos.
En las declaraciones que vamos recogiendo, y en las presentaciones que siguen, van despejándose algunas dudas. La onda hardcore resuena más, pero va perdiendo vigencia. Los músicos hablan de perfeccionarse, acceder a un público mayor, sacar discos, escapar al circuito endogámico-alternativo-clandestino que al final no sirve para nada.
Allí están las canciones de Voz Propia, de Argot, los ensayos de Del Pueblo, el propio Miki González, Excomulgados, y Flema; sarcasmo social, creatividad, denuncia, humor, descontento, pero con menos poses y bravuconadas.
Los chicos de Voz Propia no miran al público, tocan reconcentrados, la cadencia es más pausada, y mientras el estudiante de sociología nos persigue hablando del fenómeno social, un chiquillo, no más de quince años, con aires de quien ha pasado por todo, expresión torturada y de hastío indecible, pasa junto a nosotros. Murmura una grosería, se tambalea un tanto, cae sobre una silla y procede a beber prolíficamente. Hermano menor de Pepe del Salto, encarna el intoxicado extremo de una actitud que en la mayor parte de los asistentes a este concierto tiene, más bien, un signo de candoroso desencanto, de búsqueda, de rebeldía juvenil y todo eso. Pero son cuatro gatos, colleras de esquina, minoritarios frente al rock comercial o a una chicha cada vez menos marginal.
Pero ahora resulta difícil pensar. Zcuela Crrada amenaza con destruir y destrozar, si no el pútrido sistema, por lo menos la integridad auditiva de sus adeptos.
Y, en nosotros, solo logra desencadenar un dolor de cabeza feroz. Al salir, descubrimos que, en ocasiones, el centro de Lima puede ser extraordinariamente calmo y acogedor.


Fuente: Rojas, Gonzalo. Las honduras del  rock subterráneo. En: VSD (19 de setiembre de 1986), pp. 2-4.